Entrevista en El País

“Encontramos a mi hijo en Ifema a las 24 horas del 11-M”

Marisol Pérez Urbano, autora de 'Dinos dónde estás y vamos a buscarte'
Marisol Pérez Urbano, autora de ‘Dinos dónde estás y vamos a buscarte’ LORENA RUIZ EL PAÍS

Esta profesora perdió a su hijo Rodrigo por el estallido de varias bombas colocadas por terroristas en trenes

Aurora Intxausti Madrid 7 MAR 2019 – 07:53 CET

A Marisol Pérez Urbano (Salamanca, 1959) se le quebró la vida hace 15 años cuando un comando islamista decidió quitar la vida a 191 personas en Madrid. Entre ese número tan terrible está su hijo, Rodrigo, que salió un 11 de marzo de casa y ya nunca volvió. Marisol, su esposo, Juan Carlos, y el hijo pequeño de la familia, Gonzalo, han atravesado una montaña rusa de sentimientos, de dolor difícil de encontrar palabras para describirlo, de angustia sin consuelo, de querer cambiarse por ese hijo o ese hermano perdido. Situaciones en las que si eres una familia unida sales fortalecido y si hay algún tipo de fisura en las relaciones se rompen del todo. Esta profesora de Historia, que sin quererlo se vio formando parte de ella, optó por relatar en un libro Dinos dónde estás y vamos a buscarte(Indicios) la intrahistoria del atentado del 11-M. Aquella que viven las víctimas y que no figura en muchos libros.

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«Dinos dónde estás y vamos a buscarte» en La Casa del Libro

En La Casa del Libro nos reunimos casi cien personas para hablar de Rodrigo. La presencia de tantos compañeros, familiares y amigos me emocionó.

JC hizo lo imposible para que pudiera verse la presentación y buscó un cable por medio barrio, los buenísimos amigos de Rodrigo le citaron y nos acompañaron amorosamente, llegaron de mil lugares compañeros de trabajo, de la Asociación. Incluso pude darles un abrazo a Antonio Pampliega y a mi querida Solateras, ambos solo amigos virtuales hasta entonces.

Otra vez millones de gracias a todos.

Catorce años sin Rodrigo

«El paso de los días y la maldita, fatal e insoslayable cuenta de los onces me trae a este nuevo aniversario. Y parece que se agotan las palabras para expresar tu ausencia, pero nunca el vacío que dejó tu muerte, Rodrigo, hijo querido.

Te escribo, como Machado, hablando sola, en un ansia infinita de quererle hablar a Dios un día. Tú me escuchas y respondes a tu modo. A veces hasta incluso me consuelas del tedio de vivir sin ti. No importa que solo sea por instantes fugaces, porque la esperanza me permite amarte tanto como cuando estabas aquí. O más, incluso.

Aunque los días de este mes sean una tortura y vayan haciéndose cada vez más ásperos, aunque vuelva el viejo dolor de un nuevo once de un malhadado marzo, resistimos, hijo.

Como hace catorce años: a fuerza de cariño. Los tres juntos, soñando con ser cuatro.»