Veinte años del 11-S, diecisiete sin Rodrigo

Pasó hace ya veinte años. Sin saberlo, fuimos testigos en directo del principio del mal. Acabábamos de reunirnos en casa para comer, veíamos la tele. Los cuatro. Juntos.

Treinta meses después sucedió aquí. Te asesinaron con cruel premeditación, con fanáticas, absurdas, malvadas ansias de causar el mayor daño posible.

Te arrancaron de nuestra familia y nos dejaron solos, para siempre sin ti.

Hoy recordamos.

Sentimos la misma ausencia y el mismo dolor que otros muchos en USA, en Gran Bretaña, en Francia… en tantos lugares donde la locura yihadista atacó.

Te escribo desde casa, Rodrigo. Con tu nombre en los labios y tu recuerdo en el corazón. No te olvidamos. No nos olvides, hijo. Haz que nos volvamos a encontrar.

Retazos de verano

En la ventana de la cocina, la belleza efímera de la flor del cactus. Solo duró 24 horas.

Los comienzos

Hoy se acaba el curso. Es el segundo que ya no ejerzo. Me sigue resultando raro.

Sé, porque les he visto ayer mismo, que mis compañeros tienen el claustro final. Bueno, los compañeros que van quedando, pues algunos ya no empezarán el 2021-22, por jubilación o por traslado.

Y reflexiono. Dentro de poco ya no conoceré a nadie del centro. Incluso el personal no docente se irá en breves años.

Y si pienso en mis últimos alumnos, constato que les quedan también poquitos cursos. El próximo harán 4° de ESO y 2° de Bachillerato. Salvo algún repetidor, escaso margen habrá ya de chicos que me pudieran conocer

Pero no me quiero dejar llevar por la melancolía. Esta nueva etapa vital la estoy viviendo con la máxima consciencia. Y la estoy disfrutando, a pesar de la COVID-19 y los confinamientos. Es verdad que sigo tendiendo al estrés, lo sé, y a exigirme en demasía. No me resulta fácil ser más autoindulgente. Pero lo intento. Y a veces, incluso, lo consigo.

En todo caso, me encuentro mucho menos cansada que en veranos anteriores. Me he enrolado en un par de actividades veraniegas y estoy animosa y feliz.

Respecto a NINA, se sigue vendiendo bastante. El verano será un parón, pero para el otoño intentaré presentarla en sociedad. Ojalá todo vaya bien.

El descanso

Las cosas siguen adelante sin estridencias. Y nosotros continuamos con ellas, en casa, huyendo del calor y de las multitudes.

Dieta cuidada, algún paseo, y todo el tiempo dedicado a conseguir desconexión emocional y física.

Confieso que escribo poco y que leo apenas más que los periódicos. Solo busco relax mirando el jardín. Y compartir con JC comidas sencillas, pelis y series.

Vivimos inmersos en un suave y cómodo estoicismo vital.

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El gustazo de leer «Tea rooms»

He leído una novela estupenda, Tea rooms, de Luisa Carnés. En muy pocos días. Con fruición, como hacía antes. Echaba de menos devorar una historia. No sé calcular cuándo leí algo tan interesante. Se me pierde la memoria. Meses. Es posible que años.

Últimamente me cuesta leer. Me apunté al Club de lectura de la biblioteca de mi barrio para animarme y no funcionó. Solo dos títulos (una novela y un drama) me gustaron de los diez elegidos por el coordinador. Además de esas obras, a lo largo del curso, fui desechando otra docena de textos. Los empezaba y no conseguía terminarlos. A menudo porque no conseguía entrar en la historia. Casi siempre porque, a medio camino ya, me hastiaban.

Pensé que era cosa del cansancio de mi fin de carrera laboral, de tantas correcciones y lecturas por obligación.

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Mi opinión sobre «Gabo y Mercedes: una despedida»

SINOPSIS EDITORIAL: La crónica íntima de los últimos días de un genio.

En marzo de 2014, Gabriel García Márquez, probablemente el escritor más querido en lengua española del siglo XX, ya anciano y enfermo, cayó resfriado. «De esta no salimos», le dijo Mercedes Barcha, su esposa desde hacía más de cincuenta años, a Rodrigo, el hijo de ambos. Estas páginas son la crónica más íntima y honesta de los últimos días de un genio, escrita con la asombrosa precisión y la distancia justa de un testigo de excepción: el propio Rodrigo. Así vemos el lado más humano de un personaje universal y de la mujer en la que se fijó cuando era una niña de nueve años, que le acompañó toda la vida y que apenas le sobrevivió unos años. Este relato, entreverado de recuerdos de una vida irrepetible, es la más hermosa despedida al hijo del telegrafista y su esposa.

Mi OPINIÓN

Gabriel García Márquez es uno de mis autores favoritos, pero no soy una lectora mitómana. Dudé si comprar o no el libro escrito por su hijo mayor precisamente porque no me gusta magnificar a los desaparecidos. También, debo confesarlo, porque me parece poco adecuado cotillear en la vida privada de cualquiera, sea músico, actriz o  escritor. Lo que yo admiro de ellos es su arte y pretendo siempre separarlo de su forma de vivir. Aunque los medios intenten vendérmela como información necesaria, eso que atañe a lo personal no me incumbe en absoluto. Es más, solo así, marcando esa distancia entre lo que crean y sus vidas,  me parece posible verlos, leerlos, apreciarlos en sus obras artísticas, sin más criterio que la belleza o la técnica.

Sin embargo, aquí estoy, comentando el libro de Rodrigo García Barcha, que nos cuenta, con sencillez no exenta de emoción, los últimos días de sus padres. Al final sucumbí y quise leerlo.

Dos ideas quiero esbozar al respecto de esta obrita breve, impecablemente editada, con citas de las novelas de su padre y una breve colección de fotografías familiares en blanco y negro.

La primera es que el texto enlaza con una tradición antiquísima, con muchas otras obras de muy variada calidad y éxito, dedicadas al recuerdo de los seres queridos que mueren. Y en ese sentido, además, conecta con las impresiones y experiencias de cualquier lector. En mi caso, yo también he despedido a mis padres  con afecto y pena, en circunstancias muy similares. Cómo no empatizar con lo que Rodrigo García narra sobre las reacciones de su familia, todos somos muy parecidos.

La segunda, sin embargo, se aleja de mis experiencias vitales. Porque el libro me ha hecho pensar qué significa para una familia, para ese hijo en concreto, vivir con un padre que es un personaje mundialmente famoso. Cómo se mezclan ambas facetas, escritor y pariente, en su concepto de lo que su padre era y será para él. Nunca me había planteado lo difícil que debe de ser vivir a la sombra de una personalidad de ese calibre. Me impresionó leer que quiso vivir y trabajar en USA, desenvolverse en otro idioma y en otro mundo bien alejado, para poder llegar a ser él mismo. También corroborarlo. Traducción Marta Mesa, pone en la primera página. Entiendo, entonces, que el texto fue escrito originariamente en inglés. Y que no quiso encargarse él de esa traducción, aun hablando el castellano a la perfección.

Finalmente, ¿lo recomiendo? Sí. Me ha gustado. Es ameno, ágil e interesante.