Premio Artes Literarias Getafe 2026

El día 8 de abril, fecha muy especial para mí, por mi madre y por Rodrigo, recibí este mensaje electrónico

No me esperaba esto en absoluto. Mi sorpresa enorme se convirtió en reflexión. Y he decidido tomarlo como empujoncito para volver a pelear en esas «artes literarias» que me reconocen con tanta amabilidad.

De ese modo, seguiré mis afanes de escritora y no me dejaré amilanar por el trabajazo absorbente de la Asociación. Así, he enviado mi último manuscrito a maquetar.

Ah, por cierto, el acto se ha postpuesto a septiembre.

Los seres queridos que heredamos

El mayor de mis hermanos se llama Claudio por tradición familiar. No se dedica a la escritura, es arquitecto, pero me atrevo a asegurar que ha heredado la forma de narrar de nuestro abuelo. Esa que yo también creo tener.

Os comparto el texto que me acaba de hacer llegar:


Ayer fue 11M. todos los años vuelve a ser el 11M.
Me lo preguntó Ana:
—¿Tú qué recuerdas del 11 de marzo?
—Mi sobrino Rodrigo falleció en el atentado.
—¿En serio? — respondió consternada — No lo sabía. Cuánto lo siento.
Ana es una mujer risueña, divertida, cariñosa, encantadora y tremendamente emotiva. Se notaba que, a poco que insistiéramos en el asunto, terminarían por aflorarle lágrimas. Así que, casi de inmediato, me esforcé en desviar la conversación por otros derroteros.
Qué duros son algunos momentos. Todas las familias tienen uno o mas Rodrigos en su historia. Ocupan un nicho de dolor que lo tamiza todo. Normalmente es un daño privado, un sentimiento que une a sus miembros, algo tan intransferible que se queda dentro, en una intimidad que sólo los más cercanos sienten. Dura toda la vida, la de esa generación y, a veces, la de otras posteriores.
En mi familia, el primero fue Claudito.
—¿Quién es ese niño de la foto grande? — solía preguntar alguno de mis hermanos, sabedor perfectamente de la historia.
Mis mayores: mamá, los abuelos, la tía … nos añadían siempre contenido a la memoria de aquel chico de ojos profundos. Era ese nuestro propósito final: ahondar en la historia, refrescar un recuerdo de algo desconocido.
Era nuestro tío y falleció mucho antes de que naciéramos cualquiera de mis hermanos y yo.
—Es Claudito. Se murió cuando era pequeño.
Las anécdotas se acumulan. Nunca una persona pervive tanto en la memoria de los que viven. Era un recuerdo indeleble en todos, padres, tíos y hermanos. Es una forma infalible de que alguien siga vivo cuando ya no está presente.
Es tan precioso, que acabas queriendo a una imagen prácticamente como a la figura de un santo, simplemente por su historia. Lo que te contaron de él, sin filtros ni juicios. Y esa devoción desaparecerá el día que te acabes yendo a formar parte de los antepasados, tanto aquellos que te hicieron un legado, como aquellos que te robaron parte de tu acervo. Desaparecerá contigo en la sombra del pasado y nadie, ninguno de tus descendientes, sabrá que ellos fueron los constructores del cimiento de su propio presente.
En todas las familias hay un buen Rodrigo y se le quiere. Mucho.

22 veces 11 de marzo

Llevamos ya mas años sin ti que los que pudimos vivir contigo, hijo.

Tu muerte inoportuna, malvada, injusta y desoladora ha cambiado nuestra perspectiva vital. Entre el antes y el después de ti.

Pero vamos a buscarte, Rodrigo. Como aquel 11 de marzo que no pudimos encontrarte porque te habías ido lejos. Se te habían llevado.

Desde el jardín, desde el pruno que cuida la entrada a nuestra casa, seguimos haciéndote señales.

Este año con pocas flores. Pero siempre con todo el cariño de nuestro corazón.

No nos olvides, hijo. Nosotros no te olvidamos. Nunca.

Y ya falta menos para volver a abrazarte.

Mientras tanto, cuida nuestro camino. Por favor.

Millones de besos: Papá, Mamá y Gonzalo.

Casi 11 de marzo

Este XXII aniversario tengo menos tiempo para hablar contigo, hijo. Me asaltan mil obligaciones y la representación de todos tus compañeros de desdicha.  Echo en falta la disponibilidad de antes, cuando podía escribirte despacio. Pero no me agobio. Sé que sabes y que no tiene mayor importancia.

El próximo miércoles será 11 de marzo.

Demasiados días,  meses, años sin ti.

No ha cambiado el amor que nos une. Gracias por eso, Rodrigo. Seguimos queriéndonos. Los cuatro. Y yo sigo llorándote, como ahora mismo, cuando nadie me ve.

Ayúdanos, por favor.  Nunca dejes de venir a echarnos un vistazo, a curar nuestras torpezas, a iluminar nuestras decisiones.

Millones de abrazos de oso: Papá,  Mamá y Gonzalo