11 de marzo de 2024, veinte años sin ti

Te quise desde que te supe dentro de mí y no he dejado de quererte. Ni en los veinte años que estuviste con nosotros,  ni en los veinte que te hemos llorado largamente.

Este aniversario vigésimo ha estado, sigue estando,  llenito de actividades. Te escribo en el insomnio de despertar temprano, con el silencio de la casa a oscuras, pensándote. Y tú andas demasiado lejos, casi una ensoñación, inasible, hijo.

Tu hermano se resiente más que nunca. Papá y yo sacamos fuerza de flaqueza,  no sé de dónde, desde el amor siempre.  Porque es lo que nos hace resistir. Y lo que nos une a ti, con lazos irrompibles, eternos.

Mañana haré un viaje relámpago. Ojalá salga bien.  El jueves seguiremos en la brecha.  Y la siguiente semana.  En tu recuerdo.  En tu nombre.

Ojalá supiera escribirte mejor, Rodrigo. El cansancio emocional me pasa factura. Pero tú lo entiendes y no  le das mayor importancia  a esta pobreza de mis líneas. Gracias.

Vuela alto,  cariño. Y no nos dejes de cuidar.

Millones de abrazos de oso. Te quieren hasta el infinito que ahora habitas: Papá,  Mamá y G.

Vigésimo aniversario del 11-M

En los aniversarios redondos, décimo, quince o veinte, por nuestra propia y triste experiencia, se evidencia que las víctimas del 11-M tenemos más impacto mediático.

Lo cierto es que nos pasa factura emocional, pero también que lo soportamos todo porque queremos memoria, justicia y reparación. Aunque resulte difícil. En mi caso, he tenido que recurrir a tranquilizantes porque la ansiedad, si no lo hago así, se hace continua, de día y de noche. Lo cierto es que parezco serena y hablo con soltura y precisión, pero más tarde, en casa, el cansancio y el malestar anímico me noquean.

Ya pasó en 2019, cuando publiqué Dinos dónde estás y vamos a buscarte, pero no me acostumbro. Esta vez, además, todo ha sido más apretado en el tiempo. Y en una semana he hablado con periodistas de Tele5, Antena3, RNE, RTVE, eldiario.es y El Correo Vasco. He asistido a una tertulia jurídica y a presentaciones del libro de V. Sampedro. He colaborado en una mesa redonda en la Unversidad Carlos III de Madrid y he viajado hasta Sevilla para dar una charla en un colegio de allí.

Pronto daré otras dos en sendos institutos toledanos. Y mañana será el memorial de nuestra ciudad, Getafe, en honor a este veinte aniversario. No me quejo. Necesitamos que no se nos olvide. Y, sobre todo, que no se vuelvan a contar los bulos de siempre.

Porque espero de todo corazón que se hayan enterrado para siempre las teorías conspiranoicas. Han contribuido a ello dos documentales de Netflix y de Amazon Prime, un especial doble de Jordi Évole y varios libros. Quiero citar en primer puesto a F. Reinares, el experto que lleva toda la vida investigando el terrorismo y que tanto ha aportado a entender por qué y quiénes pensaron y perpetraron los atentados del 11 de marzo: Matadlos, 11-M La venganza de Al Qaeda, y el recientísimo 11-M. Pudo evitarse.

Contribuyen a la causa, además de multitud de artículos de opinión, dos libros más que acaban de salir también. De, el entonces director de El País, Jesús Ceberio: La llamada. La mentira del 11-M, Aznar quería que fuera ETA. Y de Víctor Sampedro Blanco Voces del 11-M: víctimas de la mentira.

Supongo que seguirán existiendo locos, o aprovechados, que continuarán diciendo estupideces. Pero ya en su burbuja de negacionistas de temas variados, simples nerds de sus manías.

Lo que va a costar es que la gente deje de pensar que «algo raro» pasó y no se ha contado. Eso ha conseguido la propaganda machacona. Malditos sean los que la propagaron y mantuvieron tanto tiempo.

Diecinueve años de ausencia

Apuntes del blog de Roltrigo:

25 de febrero y sin ti

Hola, Rodrigo, buenos días. Ya no sé qué decirte, estamos demasiado cerca del décimo noveno aniversario y me agobia pensar que llevamos tanto tiempo sin ti.

Sin ti. Me pregunto cómo habría sido la vida si estuvieras con nosotros. Dónde vivirías, donde estarías trabajando, quién sería tu pareja, si tus hijos se te parecerían…

A dos semanas de un nuevo aniversario, te sigo añorando y queriendo con todo mi corazón.

Millones de abrazos de oso. Hasta prontito: Mamá.

Una semana antes

No importa cuánto tiempo pase, el aniversario sigue teniendo los mismos malditos bordes afilados. Y cortan igual de profundo que antes, que siempre, que otras veces.

Me cuesta escribirte, Rodrigo. Odio tener que comunicarme así contigo, de esta manera rudimentaria y triste. No hay enlace directo con ese mundo en el que quiero pensarte feliz y esperándonos.

Lloro de pena y de rabia mientras anoto estas pobres líneas. Te echo de menos, me duelen los abrazos que se nos quedaron pendientes. Y la vida que no llegaste a vivir, quizá sencilla y a menudo difícil, pero tuya, nuestra.

Envíame fuerzas para soportar otro once de marzo.

19 veces 11 de marzo

Te escribo cada sábado, Rodrigo, pero este nuevo once de marzo se me hace muy cuesta arriba. No quiero pensarte en este día terrible. Tú eres mucho más que esas horas de búsqueda desesperada.

Papá, tu hermano y yo volveremos a Atocha en tu honor y con tu nombre en los labios. Tu ausencia sigue doliendo, muy honda y muy áspera.

Este año el pruno no ha florecido aún, pero pronto sus flores rosadas señalarán donde está tu casa, hijo. Y el camino de regreso que no pudiste hacer. Da igual el tiempo que haya pasado, nosotros seguimos esperándote.

No tardes.

Dos días después

Este once me ha resultado breve, rudo y ajeno. Ay, Rodrigo. Supongo que me pilló en una fase de aspereza emocional, que, me temo, todavía sufro. Así que anoto estas frases por si la costumbre de escribirte logra hacerme reconectar contigo.

El once me sentí como el pruno de la entrada, que, contra lo habitual, no tenía flores. Pero el árbol finalmente floreció, justo la tarde de ese día. Y yo no lo he hecho con él. Y sigo mustia, y yerma, esperando recobrar la sensibilidad; esperándote, hijo.

11 de marzo de 2022

Hoy vuelve a ser 11 de marzo, Rodrigo, cariño. Hace tanto que no estás… Parece como si tu existencia, el tiempo compartido, hubiese sido un sueño.

Quiero esconderme en lo cotidiano, en esas cosas sencillas  que conforman la vida y que tanto se echan en falta cuando hace un quiebro inesperado. Pero no me da tregua y este 2022, a tu ausencia injusta y  las seis oleadas de Covid-19, se ha sumado el ataque ruso a Ucrania. Y estamos en guerra. ¡En guerra! Nunca pensé que diría, escribiría, viviría esto.

A veces me llegan hilachas de memorias tuyas. Suaves, desdibujadas. Y ya no me duelen con el filo acerbo de antes, sino con melancólica tristeza. Escuecen, porque no estás, pero también abrigan el corazón con la ternura con la que nos queríamos, y aún nos queremos los cuatro.

Aquí seguimos, Rodrigo. Solos, pocos y cansados, pero resistiendo. Recordándote. Lo que nunca cambia es nuestro amor por ti.

Te queremos. Miles de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

ACTUALIZACIÓN 12 DE MARZO: El día después siempre es raro. Este, también. Durante toda la semana previa conseguí no pensar en qué día estaba exactamente, de forma que el 11 me encontró de improviso apenas unas pocas horas antes.

Pero el truco no sirvió. Pasé de la irrealidad al miedo otra vez. Te escribo en la madrugada. Estoy despierta demasiado pronto, con un ataque de angustia, casi pánico. Soñando abrazos.

Vela por nosotros, hijo. Te queremos. Ayúdanos. Vamos a buscarte.