NINA, en preventa desde hoy

Por fin ESTAMOS EN PREVENTA. Desde hoy 3 de mayo de 2021, podéis conseguir mi querida novela «NINA» firmada y dedicada.

Es crítica, emotiva, sugerente. Se lee con facilidad, pero encierra algunos retos técnicos. Creo que os gustará.

El libro se enviará en cuanto estén  terminadas la impresión y la firma. Puedes indicar a nombre de quién quieres la dedicatoria en el apartado «Notas del pedido» al finalizar la compra. En caso de no indicar nombre, irá dedicado al comprador.

Os ruego compra y difusión. Ya sabéis que he cedido las regalías a la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)

A los que vivís cerca os lo puedo entregar en mano, y os ahorráis los gastos de envío. EN EL CARRITO solicitad «envío local»

Miguel Hernández no puede ser silenciado

Nací y viví en el franquismo. No demasiados años, tuve esa suerte. El dictador murió cuando todavía estaba en el instituto y fui a la Universidad en una transición convulsa, que algunos llaman modélica y yo creo que simplemente fue lo que se pudo hacer en aquel momento.

Mi familia no entró en guerra, Castilla fue de los golpistas desde el primer momento. Mis abuelos eran ya mayores, casados y con hijos, y sus descendientes aún niños no fueron llamados a filas. Lo que vieron y sufrieron tenían miedo de mencionarlo. Se pasaba como de puntillas sobre primos lejanos que «habían muerto en la guerra». Ni se mencionaba en qué bando.

Viví con esa discreción suya, característica también en otras muchas facetas vitales. No supe que eran tantísimos miles los que estaban perdidos por los campos, enterrados en fosas comunes o en las cunetas hasta finales de los noventa. Personalmente sé demasiado bien lo que es que te arranquen a alguien muy querido en horribles circunstancias. ¿Cómo no comprender esos duelos sin cerrar?

Me parece una insensatez totalitaria lo que el alcalde de Madrid ha hecho con el monumento a los asesinados no ya en la guerra civil, sino en los cinco años posteriores. En noviembre retiró los nombres de los fallecidos. Ahora ha eliminado los versos de Miguel Hernández que sus familiares y allegados habían elegido para acompañar el memorial. Y ha resignificado el monumento de forma que no sea para los represaliados en la primera postguerra.

Le da igual que ese fuese el sitio exacto donde estuvo su fosa. Considera que es mejor que el texto aluda a todos los muertos desde 1936 al 44. Con una supuesta equidistancia que en realidad intenta ocultar que el dictador mató a miles de personas después de la guerra.

Como filóloga y como profesora he estudiado y comentado los poemas de Miguel Hernández muchas veces. Sus versos me han ido acompañando toda la vida. Los tercetos de su Elegía expresaban bellamente todo el desconsuelo y la rabia que necesitaba cuando me robaron a Rodrigo:

Un manotazo duro, un golpe helado,/ un hachazo invisible y homicida,/
un empujón brutal te ha derribado

No hay extensión más grande que mi herida./ Lloro mi desventura y sus conjuntos./ Y siento más tu muerte que mi vida

Ando sobre rastrojos de difuntos./ Y sin calor de nadie y sin consuelo/
voy de mi corazón a mis asuntos

Temprano levantó la muerte el vuelo./ Temprano madrugó la madrugada./
Temprano estás rodando por el suelo

No perdono a la muerte enamorada./ No perdono a la vida desatenta./
No perdono a la tierra ni a la nada

En mis manos levanto una tormenta/ de piedras, rayos y hachas estridentes,/ sedienta de catástrofes y hambrienta …

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Hay un poco de la Transición en mi próxima novela

Esta podría ser una mañana más, pero no lo es.

Hoy sacan de su pirámide a Francisco Franco, 44 años después de su muerte. Es un hecho histórico muy simbólico que me hace pensar en el miedo, la incertidumbre y la pequeña esperanza que tenía yo misma en aquel 1975. Viví aquellos sucesos con la inocencia de los 16 años, también con una mezcla entre curiosidad y pánico por lo que podría pasar después.

No fue fácil. Ni bonito. Ni la estupenda y modélica Transición que nos han contado luego.

Buena prueba de ello es que a estas alturas todavía estuviera el dictador en su mausoleo triunfal y que aún haya tantas resistencias. Porque la derecha se pone de perfil para disimular que le molesta la exhumación, cuando no la critica directamente. Y porque su familia, que no ha devuelto ni un céntimo de todo su latrocinio y hasta ostenta un título nobiliario de segunda generación, ha tenido el descaro de oponerse. Y de presentar batalla legal y mediática. En cualquier otro país de verdad demócrata habría mantenido una actitud mucho más discreta, si no avergonzada, al respecto. Pero es que están acostumbrados al poder impune que heredaron. Y es que todavía tenemos un franquismo residual en demasiados ámbitos.

En este día de hoy sigo revisando el borrador de mi novela, que entre otros tiempos, ficciona algunos hechos de los años 1976-78, especialmente atenta a esta novedad. Porque me obligará a cambiar algunos datos, sí. Pero para nada pesarosa por este trabajo añadido.