Corrigiendo galeradas, a punto de edición

La preciosa portada creada para la novela, cuyo título es también el nombre de la protagonista

Estoy de lo más contenta, aunque corregir galeradas sea el suplicio de Tántalo y nunca me parezca que el texto está suficientemente limpio.

No consigo contar las vueltas que le di al manuscrito antes de entregarlo. Muchas. Y se supone que yo estoy entrenada por décadas de correcciones de exámenes, ejercicios y trabajos. Pues da igual. Cada nueva revisión encuentro algo. Ya me dice más de uno que es labor imposible, que siempre se escapa alguno.

No lo sé. Puede que sea así. Pero yo voy a intentar que sean las menos. En fin, vuelto a la tarea. Ya contaré cuándo se publica. Y, mientras tanto, para abrir boca, copio la sinopsis:

¿Qué ocurre cuando el presente colisiona con el pasado?

En plena noche de Halloween de 2018, Sofía se topa con una niña que va pidiendo dulces de puerta en puerta y que es la viva imagen de su difunta melliza, Nina. El parecido le resulta tan impactante, que se lanza a remover fotos y papeles viejos para comprobarlo. Y a preguntarse si será una casualidad o un guiño del destino.

Descubrir  los diarios de Nina la transportará nuevamente a los años de sangre y fuego de la Transición. Pero la ardua, difícil, llegada de la democracia que recuerda se le presentará ahora con otra perspectiva, junto al amor secreto y adolescente de su hermana y muchos enigmas.

Para Sofía será duro conocer y aceptar el modo en que  tres generaciones  de mujeres de su familia  tuvieron que enfrentarse con la vida. Y con la muerte.

Nina es una novela trepidante, con elementos de coming-of-age, paso a la vida adulta y crecimiento psicológico y moral. Marisol Pérez Urbano explora unos años convulsos de la Historia de España.  Adéntrate con ella en esta trama de misterio, secretos de familia, memoria histórica y lazos entre hermanas.

Alegrías literarias

Hace poco se me rompió una muela mil veces empastada. No resistió más, la pobre, apenas dieciocho meses desde el último intento. Y ya no había más remedio que endodoncia, reconstrucción y corona. Vamos, un montonazo de citas con mi nueva dentista. Del dolor de mandíbula y el de la cartera, cuando abone todas las facturas, mejor ni hablo. Lo doy por obvio.

Desde que se me jubiló mi dentista de siempre me siento un poco huérfana, aunque la nueva clínica ya me lleva atendiendo dos años. Y en medio de la pandemia, con problemas de contagios, no estaba entre mis intenciones apuntarme a una ristra de consultas, pero me ha tocado en suerte, qué le voy a hacer.

Andaba yo en la salita de espera, procurando no escuchar mucho el ruido del torno y poniéndome nerviosa con las noticias de la tele (menos mal que solo con subtítulos), así que saqué el móvil para distraerme un poco. Para mi sorpresa, tenía un mensaje electrónico de una editorial, interesándose por mi novela Nina. ¡Qué ilusión!

No sé adónde llegará el asunto, puede que a nada, pero me alegró el día y soporté una endodoncia larga, de tres conductos, con otro ánimo. Cruzad los dedos por mí, amigos.