La verosimilitud en algunos géneros

Llevo unos días viendo una serie que me desconcierta. Tiene muchos seguidores, pero me provoca rechazo por los continuos cambios ilógicos en el carácter de los personajes. Y por lo manido (y a veces inverosímil) de la trama.

Y como sería pretencioso suponer que esas discordancias solo las veo yo, deduzco, entonces, que sus muchos fans aceptan tales inconvenientes a cambio de otra cosa que consideran de mayor calado.

Supongo que entre los espectadores que la aclaman prima la búsqueda de un cierto tipo de entretenimiento ligero. Uno, desde luego, no muy exigente en cuanto a estructura y a coherencia. Uno con el que buscan desconectar, liberarse de problemas.

En realidad también a mí me está pasando que no me la tomo muy en serio y la veo con poca atención, revisando el móvil, o hasta echando una siesta.

Hay cosas que me gustan, como el atrezzo (en especial vestimenta, localizaciones y mobiliario). Además, la intriga me atrapa a veces. Y aunque suelo acertar en las predicciones, porque la trama está llena de tópicos, la tensión dramática está bien planteada y me empuja a continuar viéndola.

Sigo haciendo suposiciones y me planteo que sus seguidores conocen esos tópicos, que son conscientes de que se repiten (como en otras muchas otras historias románticas, o mejor, así la clasificaría yo, chik-lit) y no les importa. Que es eso lo que buscan: que les cuenten lo que ya saben pero les encanta volver a leer, o, en este caso, visionar.

Yo me había acercado a la serie creyendo que era una trama de época. Española, sí, pero imaginaba que pudiera ser un poco Downton Abbey, que, vale, es una joya. Y menudo chasco.

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A vueltas con las concordancias

Andaba yo leyendo un artículo de Pérez Reverte, «Mujeres con tacones rotos» cuando me encontré un error de concordancia. Así, por las buenas, en el primer párrafo:

…están en su lugar acostumbrado, intentando sacarle algo a los turistas.

Pues sí. Pillé al experimentado periodista, afamado escritor y eximio académico comentiendo un error de principiante. Y es que el pronombre LE debería estar en plural. Porque LES se refiere al sustantivo turistas y debe concordar con él.

La verdad es que en la lengua oral es un error muy común. También que no es admisible en la más cuidada lengua escrita. Y que seguramente es una errata y no un problema gramatical del autor. Pero me sirve para ejemplificar uno de los problemas de concordancia más típicos del castellano.

Las clases de Lengua Española que pueblan todo nuestro sistema educativo insisten en que conozcamos ciertos conceptos y que apliquemos con soltura reglas gramaticales precisamente para eso: poder entender nuestro propio idioma y manejarlo con soltura. Aquí se ve cómo necesito apelar a la concordancia para explicar el error de Pérez Reverte. Es obvio que para otras cuestiones más peliagudas hay que echar mano de otros términos o procedimientos más complicados.

Un poco de gramática

En principio, la concordancia (o flexión) es un fenómeno gramatical que consiste en la coincidencia de accidentes (o variaciones) entre dos o más palabras variables. Así, por ejemplo, nombre y adjetivo pueden concordar en género (masculino/femenino) o en número (singular/plural): libro nuevo, ventanas rotas.

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«Doña Perfecta» de Galdós

Abundando en el centenario de don Benito y en los dos artículos anteriores que le dediqué, me propongo echarle un vistazo hoy a una de sus primeras y más famosas novelas.

Generalidades

Doña Perfecta se publicó en 1876. Pertenece al grupo de «novelas de tesis», como el propio Galdós las clasificó, y él mismo le hizo una adaptación teatral que estrenó en Madrid en los primeros días de 1896.

Apareció en cinco entregas en La Revista de España (en los números de marzo a mayo de 1876), con tanto éxito que se editó en libro ese mismo mes de mayo, y en junio ya se habían agotado todos los ejemplares. En una segunda edición y en una nueva imprenta, Galdós cambió los nombres de varios personajes y el final.

La crítica no es unánime en ese asunto, pero parece que fue escribiendo la novela sobre la marcha. Solo así se entiende que tuviera que hacer cambios tan importantes: que la premura de las entregas le impidieron la visión de conjunto y las correcciones necesarias de todo texto antes de ser publicado.

Argumento

Doña Perfecta, viuda y vecina de Orbajosa, una ciudad provinciana de la España profunda, acuerda con su hermano, residente en Madrid, preservar el patrimonio familiar casando a su hija Rosario con su sobrino Pepe, brillante ingeniero, al que invita a visitar Orbajosa y conocer a su prima.

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Mi experiencia enseñando a Galdós

Galdós pintado por Sorolla (imagen de dominio público)

Este año del aniversario de su muerte proliferan los artículos sobre la extensa creación literaria de Benito Pérez Galdós. Yo misma le dediqué uno la semana pasada, pero confieso que lo escribí con la vista puesta en el de hoy. Lo cierto es que necesitaba ese planteamiento de su estilo y su obra como referente para lo que ahora voy a argumentar, que es también una breve comparación de planes educativos.

Soy profesora desde el curso 1981-82, así que he enseñado la Literatura del Realismo (y con ella la figura de Pérez Galdós) a muchas generaciones de estudiantes. Me temo, también, que no siempre con la misma profundidad. Lo acabo de comprobar otra vez mientras cotejaba los libros de texto viejos y nuevos que pueblan mi biblioteca.

Cambios legales

El cambio sustancial llegó cuando se unieron en una misma asignatura las dos materias específicas («Lengua» y «Literatura») que se impartían por separado en la Ley del 70, la del BUP y el COU (transformada y democratizada en los 80). Desde finales de los noventa (LOGSE y planes sucesivos) ambas son inseparables (excepto una hipotética «Literatura Universal» de Bachillerato, que aparece y desaparece de los currículos y que no todos los centros ofrecen).

Además hay que unir un descenso de horas semanales, pues se pasó de cinco (de «Lengua» en 1º o de «Literatura» en 2º de BUP) a tres de «Lengua y Literatura» en 3º y 4º de ESO. Menos mal que enseguida se añadió una cuarta, pero varias promociones sufrieron esa bajada terrible. Y, por supuesto, nunca se recuperó la quinta hora.

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