Sigo en modo «profe on»

En mi aula, el curso pasado

Se acaba mayo y se van diluyendo las angustias de estar confinados en casa. Aunque he perdido los ritmos de salir y lo hago poco, solo a dar los paseos permitidos. Lo de la compra una o dos veces por semana ya era mi costumbre antes de. Es curiosa la cantidad de veces que usamos esa expresión en estos últimos meses. Y me temo que la vamos a seguir necesitando.

Llevo unas semanas centrada en el canal de YouTube, aun sabiendo que a estas alturas de curso ya poco puedo aportar de urgencia. Sin embargo, seguiré la tarea ahora que puedo, de forma que haya una estructura ordenada de vídeos con suficientes instrucciones para el análisis sintáctico. De momento, todavía estoy con los previos que sé que hay que repasar para construir buenas bases. Puede que muchos se los salten, pero que estén ahí para consulta.

Al final, el confinamento me ha cundido. Sobre todo porque mi refugio ha sido hacer muchas cosas. Los primeros días, debo confesarlo, no alcanzaba los niveles de concentración y de eficacia del antes de. Tuve momentos de imposibilidad y de parálisis de lo más frustrantes. Apenas me alcanzaba la vida para las domesticidades varias. Me tranquilizó saber que también les sucedía a otros. Es bueno compartir estas cosas. Supongo que era el miedo a lo desconocido. Y una situación de alarma continua, que a veces conseguíamos acallar, pero resistía en nuestro subconsciente.

Con el paso de los días, así es nuestra naturaleza, nos fuimos haciendo a la novedad y el miedo se transformó en aburrimiento y pude refugiarme en cosillas creativas para sobrellevarlo. De ahí han salido una novela corta (poco más de 31.000 palabras) que traía empezada de antes y por fin acabé, y mi proyecto de youtuber.

Quiero terminar con un abrazo a los que han sufrido la enfermedad y ya están en buen camino. Y otro aún más grande para los que han perdido a uno de los suyos. Son muchos miles. Cómo no solidarizarme con sus duelos. La alegría de las nuevas libertades no puede significar el olvido. Tenemos que recordarlos. A todos y cada uno.

Ya dos vídeos en el canal

Lo anuncié la semana pasada, aunque llevo dos meses organizando mi canal de profesora de lengua «Profe, hazte youtuber». Hoy, por fin, salvando miedos escénicos, he lanzado los dos primeros vídeos.

La idea inicial es explicar SINTAXIS DESDE CERO, para alumnos de iniciación, para padres desesperados y para estudiantes que ya tienen más nivel pero necesitan repasar o asentar conceptos. Por supuesto, también pienso en mis propios alumnos, que se acostumbraron a mi sistema y que pueden sentirse cómodos volviendo a consultarlo cada vez que lo necesiten.

Mi propósito a largo plazo es llegar a cuestiones más complicadas. Obviamente me va a llevar tiempo y constancia. Creo que tengo de los dos.

Esta página es como yo, a ratos escritora, a veces profe. Espero que os interese. ¡Nos leemos!

«Profe, hazte youtuber»

Mi logo

En los últimos años mis alumnos me vienen repitiendo esta cantinela: que suba clases y explicaciones a la Red. Me cuentan que hay algunos canales que les han sacado de montones de apuros y que por qué no me lanzo con mi método, que les gusta mucho.

Y ese era uno de mis objetivos para este curso, el primero de mi vida consciente en que no estoy en un aula, ni como alumna ni como profe. En mi contra tengo mis escasas habilidades en la técnica audiovisual. A favor, que sí me manejo bien en lo informático. Tenía planificados los temas, pero no sabía cómo llevarlos a cabo. Se fue sucediendo la vida con sus sucesos inesperados que me apartaban de ese objetivo cada vez más. Y, de pronto, llegó el confinamiento.

Lo he dedicado a escribir. Tengo 22.000 palabras de una segunda novela. pero ahora, que la llevo encarrilada y he consegudo serenarme un poco, le he vuelto a dar un empujón a mi proyecto y he creado un canal en YouTube. Como me pedían mis chicos.

Se llama «Profe, hazte youtuber» aunque Google no lo indexa por su nombre todavía. En primer lugar, porque aún no he subido vídeos. En segundo, porque Youtube asigna un código alfanumérico a cada canal y no se puede solicitar que la url contenga el nombre o el título o lo que quiera el autor hasta que consiga 100 suscriptores. Ahí es na.

Tengo ya tres vídeos casi preparados sobre Sintaxis, lo que más me han pedido siempre. Y mi idea es hacer muchos más. Parto de conceptos muy básicos para compañar a los que lo necesiten casi desde cero: alumnos o padres de los que quieren ayudar y no saben cómo.

No sé cuándo lo pondré totalmente en marcha. Voy avanzando, descubriendo, equivocándome y volviendo a empezar. Y lo escribo para obligarme a mí misma, para perderle el miedo y lanzarme.

De momento, también, abro una página en mi web que enlaza el canal. Del resto, el tiempo irá diciendo.

A vueltas con las concordancias

Andaba yo leyendo un artículo de Pérez Reverte, «Mujeres con tacones rotos» cuando me encontré un error de concordancia. Así, por las buenas, en el primer párrafo:

…están en su lugar acostumbrado, intentando sacarle algo a los turistas.

Pues sí. Pillé al experimentado periodista, afamado escritor y eximio académico comentiendo un error de principiante. Y es que el pronombre LE debería estar en plural. Porque LES se refiere al sustantivo turistas y debe concordar con él.

La verdad es que en la lengua oral es un error muy común. También que no es admisible en la más cuidada lengua escrita. Y que seguramente es una errata y no un problema gramatical del autor. Pero me sirve para ejemplificar uno de los problemas de concordancia más típicos del castellano.

Las clases de Lengua Española que pueblan todo nuestro sistema educativo insisten en que conozcamos ciertos conceptos y que apliquemos con soltura reglas gramaticales precisamente para eso: poder entender nuestro propio idioma y manejarlo con soltura. Aquí se ve cómo necesito apelar a la concordancia para explicar el error de Pérez Reverte. Es obvio que para otras cuestiones más peliagudas hay que echar mano de otros términos o procedimientos más complicados.

Un poco de gramática

En principio, la concordancia (o flexión) es un fenómeno gramatical que consiste en la coincidencia de accidentes (o variaciones) entre dos o más palabras variables. Así, por ejemplo, nombre y adjetivo pueden concordar en género (masculino/femenino) o en número (singular/plural): libro nuevo, ventanas rotas.

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