Un test de ortografía

No pensaba escribir durante estos días de vacaciones, pero he encontrado un cuestionario en Verne, de elpais.com, donde se ponen en práctica los homófonos de difícil ortografía de mi artículo anterior.

Javier Bezos, lingüista y miembro de Fundéu, comenta a Verne que las consultas ortográficas que más recibe la web de esta fundación se dividen en los siguientes bloques: las tildes diacríticas de los pronombres interrogativos, las comas, los prefijos y la unión y separación de algunas palabras, como «enseguida» o «aparte«. De hecho, nos cuenta, la página dedicada a asimismo, así mismo y a sí mismo es la más visitada de su web: se ha consultado más de un millón de veces. Siguiendo estas indicaciones y las preguntas frecuentes que recoge la RAE en su web, hemos elaborado un breve test de ortografía. Por si alguien tiene que prepararse unas oposiciones y necesita entrenamiento.

Así que os recomiendo que lo intentéis. A ver qué tal os sale. Y mientras tanto ¡¡felices fiestas!!

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Palabras de difícil ortografía

Planteamiento general

Esta semana voy a revisar algunos errores ortográficos muy usuales. Pero permitidme una licencia, ya que la semana pasada hablaba de ellos, empezaré con unos gentilicios de capital de provincia. No es que se usen muchísimo, pero son los más problemáticos ortográficamente, porque su topónimo (el nombre del lugar) y el adjetivo gentilicio son muy dispares. Atención a ellos:

  • Ávila (que se escribe con uve) tiene como gentilicio abulense ( que lo hace con b)
  • Huesca (con hache) y oscense (sin ella) tienen unas características parecidas
  • Huelva (con hache y con uve) y onubense (sin hache y con b) es ya el colmo ortográfico ¿no os parece?

El asunto de los homófonos

Homófonos son esas palabras que suenan igual, pero se escriben distinto y como son palabras distintas tienen distinto significado. Son los que más a menudo veo mal escritos y siempre repaso con mis alumnos. Los que cito a continuación van en orden alfabético, no de mayor o menor uso.

  • a sí mismo es el reflexivo: Se ve a sí mismo en el espejo
  • así mismo indica modo: Me tomo el café así mismo (sin azúcar)
  • asimismo empezando una oración con el significado de además, también: Asimismo, serán resueltas en el plazo de dos días
  • basto, tosco, vulgar, grosero: Tiene un acabado muy basto
  • vasto, extenso, amplio: Muestra vastos conocimientos de leyes
  • calló, del verbo callar: Tras dos horas hablando, calló sin más
  • cayó, del verbo caer: Tropezó y se cayó al suelo
  • a ver, a mirar: Va a ver qué pasa allí.
  • a haber, preposición y verbo haber con idea de obligación: Va a haber que irse de aquí, hay demasiado ruído
  • halla, del verbo hallar, encontrar: Halla el porcentaje de...
  • haya, del verbo haber: El que haya escrito esto, no quiere decir nada.
  • haya, árbol: Las hayas son mágicas en ese romance
  • aya, nodriza (palabra arcaica): Su aya la había cuidado desde muy niña
  • hojear, pasar las hojas: Hojear el libro, no es leerlo.
  • ojear, echar un vistazo, mirar: Ojéalo y dime si te gusta.
  • por qué equivale a por qué razón y se utiliza en preguntas y exclamaciones. Es la más usada: ¿Por qué lo preguntas? (interrogación directa). No sé por qué. Lo siento. (interrogativa indirecta)
  • porque, conjunción que responde a una pregunta, indica siempre la causa: ¿Por qué saliste? Porque era la hora. También es muy usada.
  • porqué es un nombre y por eso va siempre precedido de artículos (el, los) o cualquier determinante (mi, ese, etc…). Si me dices el porqué, lo entendería. Mis porqués me los quedo para mí. Tiene mucho menos uso.
  • por que es el pronombre relativo (equivale a por el/la que y sus plurales). Se refiere, pues, a un antecedente. Dime la razón por que hablas a gritos. Se usa muy poco, suena arcaico y forzado
  • sino, conjunción adversativa que expresa una contraposición entre dos términos: No quiero éso, sino aquéllo
  • si no, expresa una condición negativa. Equivale a decir en el caso de que no. Por ejemplo: Si lo sabes hacer, hazlo; si no, otro lo hará
  • vaya, del verbo ir: Cuando vaya a la cocina, avísame
  • También interjección: ¡Vaya, qué bien ha salido!
  • valla, pared metálica o similar. Separan los terrenos colindantes con una valla

Dos palabras especiales

Finalmente dos manías de un tiempo a esta parte: IBA/IVA que se produce por confundir el Impuesto sobre el Valor Añadido con el imperfecto del verbo ir. Constato que se da en hablantes poco lectores, que ven más veces escrito IVA en folletos y anuncios que el verbo IR en pasado (IBA). Tengo la sensación, no obstante, de que va desapareciendo como falta ortográfica.

Y permitidme que añada una nueva, que viene del uso de una escritura rápida en las redes sociales SOBRETODO/SOBRE TODO. Y es que no, no se escribe junto en una palabra.

Sobretodo es un gabán, una especie de gabardina que se pone encima del traje. Según el Diccionario panhispánico de dudas, sobre todo, que quiere decir ‘principalmente, especialmente’, se escribe siempre en dos palabras, mientras que sobretodo, que significa ‘prenda de vestir, larga y con mangas, que se lleva encima de las demás prendas’ y que en América se emplea como sinónimo de abrigo, se escribe en una palabra.

Sobre los gentilicios

Definición

El gentilicio es un adjetivo que «denota relación con un lugar geográfico»,​ ya sea por barrio, pueblo, ciudad, provincia, región, país, continente, o cualquier otro lugar o entidad política. El adjetivo gentilicio se puede sustantivar, es decir, se puede referir a una persona mencionándola únicamente por su gentilicio y así se puede decir correctamente el madrileño (en lugar de decir: el ciudadano madrileño), la inglesa, etc. Los gentilicios ordinarios de nuestra lengua se forman con una larguísima variedad de sufijos. Los más usuales (por supuesto con sus correspondientes variantes femeninas) son:

  • -ano, como en zamorano
  • -ense, hispalense
  • -eño, cacereño
  • -és, leonés
  • -í, mallorquí
  • -ino, salmantino

Origen de los gentilicios

Casi todos los gentilicios proceden del topónimo (el nombre el lugar) al que se refieren. Así de Madrid, madrileño o de Segovia, segoviano. El asunto se pone difícil cuando el topónimo es latino (a Sevilla la llamaron Hispalis los romanos y de ahí hispalense, o el helmántico variante del salmantino). Y ya se complica del todo cuando las lenguas de procedencia nos son todavía más ajenas, como la de los fenicios  que llamaron Onuba a la que ahora denominamos Huelva, y que dio lugar al gentilicio onubense.

He puesto ejemplos únicamente españoles y sólo con ellos podría escribir varios artículos. Dudas sobre los gentilicios de otros países llenan páginas de la Fundeu y de la RAE.

Gentilicios más usuales

Saberse al menos los gentilicios de cada región, comunidad autónoma y capital de provincia debería ser indispensable para cualquier ciudadano medianamente ilustrado de nuestro país. Como profesora de secundaria y bachillerato lo trabajo siempre. Y es curioso que los aficionados al fútbol suelen saber más gentilicios que la media. Supongo que porque se los oyen a los periodistas deportivos. Es famosa, y pertenece ya a la historia de la docencia de mi asignatura, la prueba de Selectividad que preguntó en Madrid por el significado del adjetivo pucelana en el año 94:

Clara Sanz, de 19 años, preguntaba a la salida del examen de selectividad de Lengua y Comentario de Texto: «¿Qué significa pucelana?». Ella había dejado en blanco esa respuesta en la prueba de Lengua. Clara -uno de los dos alumnos que narró diariamente en El País Madrid sus experiencias durante los exámenes- desconocía el significado de este gentilicio (mujer de Valladolid), que no figura en el Diccionario de la Real Academia. «No lo había oído en mi vida», aseguraba esta alumna de Letras. (…) Conseguir los dos puntos adjudicados a esa pregunta resultó más fácil para los aficionados al fútbol, predominantemente hombres, quienes conocían la palabra pucela de oírla corear a los hinchas del Real Valladolid de fútbol, o del Fórum de baloncesto, o de escucharla de labios de los comentaristas de los partidos en radio y televisión. A José Luis Madrid, de 18 años, el estudiante de Ciencias que también contó diariamente a este periódico sus avatares para acceder a la Universidad, pucelana le sonaba a chino.

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¿Complemento directo o de régimen?

Al redactar el título del artículo anterior me surgió la duda. ¿Qué debía escribir: la realidad supera la ficción (complemento directo) o la realidad supera a la ficción (posible complemento de régimen)?

Estuve un rato reflexionando. Qué curioso, si usaba a su lado un régimen (superar en algo) se me hacía necesaria la preposición a (a la ficción), sin embargo, en los dos casos la ficción siempre sería complemento directo, porque acepta la prueba de pasiva (la ficción es superada) y la pronominalización (la supera).

¿Pero y si es que cuando se usa la preposición a con este verbo estamos ante un régimen? Porque la verdad es que los límites entre ese complemento y el directo son a menudo muy finos. ¿Hay diferencia semántica entre superar algo y superar a algo? ¿Se puede usar superar a como verbo que precisa un régimen si no se incluye el otro ya citado, si no se explicita en qué se consigue esa superación? Porque, está claro, si se usan ambos complementos, entonces a introduce un directo.

En estas dudas filológicas echo en falta a mis compañeros de trabajo: este asunto daría para una charla durante el café de la mañana. Así que desde aquí os invoco a todos los que os sintáis llamados a la tertulia lingüística, ¿que os parece la realidad supera a la ficción, directo o regido?