La verosimilitud en algunos géneros

Llevo unos días viendo una serie que me desconcierta. Tiene muchos seguidores, pero me provoca rechazo por los continuos cambios ilógicos en el carácter de los personajes. Y por lo manido (y a veces inverosímil) de la trama.

Y como sería pretencioso suponer que esas discordancias solo las veo yo, deduzco, entonces, que sus muchos fans aceptan tales inconvenientes a cambio de otra cosa que consideran de mayor calado.

Supongo que entre los espectadores que la aclaman prima la búsqueda de un cierto tipo de entretenimiento ligero. Uno, desde luego, no muy exigente en cuanto a estructura y a coherencia. Uno con el que buscan desconectar, liberarse de problemas.

En realidad también a mí me está pasando que no me la tomo muy en serio y la veo con poca atención, revisando el móvil, o hasta echando una siesta.

Hay cosas que me gustan, como el atrezzo (en especial vestimenta, localizaciones y mobiliario). Además, la intriga me atrapa a veces. Y aunque suelo acertar en las predicciones, porque la trama está llena de tópicos, la tensión dramática está bien planteada y me empuja a continuar viéndola.

Sigo haciendo suposiciones y me planteo que sus seguidores conocen esos tópicos, que son conscientes de que se repiten (como en otras muchas otras historias románticas, o mejor, así la clasificaría yo, chik-lit) y no les importa. Que es eso lo que buscan: que les cuenten lo que ya saben pero les encanta volver a leer, o, en este caso, visionar.

Yo me había acercado a la serie creyendo que era una trama de época. Española, sí, pero imaginaba que pudiera ser un poco Downton Abbey, que, vale, es una joya. Y menudo chasco.

Entonces me lancé a buscar críticas y vi el doble rasero de siempre: los fans, encantados de la vida; los críticos, que más de la misma mediocridad. Fue al leer a los productores cuando di con el quid de la cuestión:

Porque dicen que ese tipo de producto da dinero. Que son conscientes de que repiten patrones prefabricados, pero porque son exactamente los que el público demanda. Que series así se venden como churros en nuestro país y fuera. Y que no olvidemos que su objetivo es hacer negocio.

Entonces me acordé de los famosos versos de Lope de Vega: «Porque como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto».

Conste que lo digo sin la menor acritud. Y sin pretender ponerme pedante. Miren lo bien que lo hizo Lope, un genio que supo aunar éxito y calidad. Y como hay que decirlo todo, por si no han leído ninguno de los enlaces, confieso que estoy viendo los primeros capítulos de Las chicas del cable.

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