Cómo me siento cuando se acercan los aniversarios

Es demasiado tiempo sin verle, añorando su compañía: un montón de meses, semanas, días, horas y minutos de ausencia que me esperan de golpe, amontonados, a la vuelta del fin de semana. Porque el lunes vuelve a ser 11 de marzo. Otra vez.

Las fechas tienen ese valor simbólico y paradójico, que hiere y cura, que acerca el pasado remoto y lo transforma en el ahora mismo.

Yo recuerdo como siempre a Rodrigo. Y puede que este año de su libro parezca que de forma especial. Pues claro, no es fácil conseguir ser publicado.

Pero para mí, para mi corazón de madre, es como ha sido hasta ahora: le escribo para integrarlo en nuestra vida sin él, para que participe de lo que hacemos aunque ya no esté.

Y sé que, a su modo, nos acompaña.

Cerca del aniversario

«Casi quince años llevo escribiéndote, Rodrigo, y de pronto algunas de nuestras conversaciones se han publicado. No termino de asimilarlo.

Qué lejos estás, hijo. Son demasiados días sin ti, cariño. Muchas madrugadas solitarias tecleando para tender un puente amoroso entre tu orilla y la nuestra.

Aquí no te olvidamos, no nos dejes tú, por favor. Envíanos pistas que nos permitan seguir tus pasos. Vuela alto, pero vuelve a casa cuando puedas.

Te queremos.»

Catorce años sin Rodrigo

«El paso de los días y la maldita, fatal e insoslayable cuenta de los onces me trae a este nuevo aniversario. Y parece que se agotan las palabras para expresar tu ausencia, pero nunca el vacío que dejó tu muerte, Rodrigo, hijo querido.

Te escribo, como Machado, hablando sola, en un ansia infinita de quererle hablar a Dios un día. Tú me escuchas y respondes a tu modo. A veces hasta incluso me consuelas del tedio de vivir sin ti. No importa que solo sea por instantes fugaces, porque la esperanza me permite amarte tanto como cuando estabas aquí. O más, incluso.

Aunque los días de este mes sean una tortura y vayan haciéndose cada vez más ásperos, aunque vuelva el viejo dolor de un nuevo once de un malhadado marzo, resistimos, hijo.

Como hace catorce años: a fuerza de cariño. Los tres juntos, soñando con ser cuatro.»