Catorce años sin Rodrigo

«El paso de los días y la maldita, fatal e insoslayable cuenta de los onces me trae a este nuevo aniversario. Y parece que se agotan las palabras para expresar tu ausencia, pero nunca el vacío que dejó tu muerte, Rodrigo, hijo querido.

Te escribo, como Machado, hablando sola, en un ansia infinita de quererle hablar a Dios un día. Tú me escuchas y respondes a tu modo. A veces hasta incluso me consuelas del tedio de vivir sin ti. No importa que solo sea por instantes fugaces, porque la esperanza me permite amarte tanto como cuando estabas aquí. O más, incluso.

Aunque los días de este mes sean una tortura y vayan haciéndose cada vez más ásperos, aunque vuelva el viejo dolor de un nuevo once de un malhadado marzo, resistimos, hijo.

Como hace catorce años: a fuerza de cariño. Los tres juntos, soñando con ser cuatro.»

El día de tu marcha

«Es muy difícil escribirte en tu aniversario, Rodrigo.

Intento no ponerme a recordar el día fatídico de tu muerte injusta, porque tú fuiste y eres mucho más que eso. No siempre lo consigo.

Busco los recuerdos serenos y dulces del tiempo que compartiste con nosotros, pero no me bastan para llenar el vacío tremendo que quedó tras tu marcha.

Cuido a tu padre y a tu hermano, y te abrazo con ellos.

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Emociones

«Hola, hijo, te escribo con las emociones de la presentación de tu libro, rodeada de mis compañeros y alumnos. Y de tus amigos.

Estuvieron allí los del cole y el insti, tu grupo adolescente. Y fue hermoso hablar de ti con ellos.

Luego tuve esta miniconversación por whatsapp:

[21/2 17:20] Muchas gracias por mantener a Rodrigo vivo un poco más. Fue muy bonito volver a pasar otro rato con él ayer.

[21/2 17:22] yo: 😭😭Gracias a ti por ser su amigo.
Y por venir a la presentación.
Un abrazo grande.

[21/2 17:23] Otro par de abrazos por allí.

Te fuiste, pero nos quedan tus amigos.»