Por fin he terminado

Tres semanas después de quejarme de que no conseguía ponerle un cierre a mi novela, lo he conseguido. Ya está finiquitado el primer borrador. Y habrá algunos más, me temo.

Porque esto de escribir no es tan sencillo como venga, ya acabé. Y mucho menos cuando se trata de un texto largo. Han sido muchos meses de trabajo y a lo largo de tanto tiempo van cambiando el estilo, algunas intenciones y hasta la perspectiva. Revisarlo todo es fundamental para no caer en la incoherencia. Ya le he dado un par de vueltas y le dejaré unos días de margen para volver a retomar las revisiones cuando me haya alejado lo suficiente como para ser autocrítica otra vez.

Los bloqueos, como el que sufrí hace tres semanas, se suelen solventar así, tomando distancia. Otra posibilidad es hacer un paréntesis empezando el diseño de otro proyecto. En mi caso particular, a mí me vino bien salir de viaje. De hecho, de los veinte días trancurridos desde mis primeras quejas, la mitad estuve fuera, totalmente desconectada de lo cotidiano y, por supuesto, de la dichosa historia que tenía que cerrar. A la vuelta, en apenas tres, he logrado escribir el desenlace con una fluidez nueva.

Pero lejos de mí pontificar sobre el asunto. Cada persona es un mundo y a cada uno le va bien lo que mejor encaje con su forma de ser. Yo no soy de los que se crecen con la presión, por ejemplo. Como digo siempre medio en broma, lo mío es todo lo contrario a una máquina de vapor. Pero hay quien necesita sentirse espoleado por fechas y límites para rendir con más rapidez y eficacia. Lo interesante es reflexionar sobre el estilo creativo de uno mismo y utilizar ese conocimiento con astucia.

¿Tú como eres? ¿Prefieres que te marquen los ritmos o te agobias si te empujan?

La cruda realidad supera a la ficción literaria

Una noticia de estos días me lleva hasta Vicente Blasco Ibáñez y su novela Cañas y Barro. Se trata de uno de esos textos naturalistas de finales del XIX, este ya a principios del XX, que se ponen de ejemplo en las clases de Literatura.

El Naturalismo es una evolución del Realismo que elige personajes, situaciones o temas especialmente duros. También suele llevar implícita la critica  social de comunidades llenas de prejuicios o de instituciones inhumanas. Por supuesto, abundan las situaciones paradójicas, los comportamientos hipócritas y las falsedades y traiciones de todo tipo.

Pero, bueno, a lo que iba, la noticia dantesca de un padre menor de edad arrojando al agua a su propio hijo recién nacido, tras haber sido el partero de su pareja, también menor, y con un embarazo mantenido en secreto supera a la ficción novelesca. Muy de lejos.

Recuerdo haber contado a mis alumnos el final de la novela ya citada, (que narra algo parecido, aunque sus protagonistas no sean menores), y cómo reaccionaron al respecto. Muchas generaciones de estudiantes que me decían que aquel cierre era exagerado, impensable, inverosímil, que solo se entendía como la sobreactuación de un autor naturalista irredimible. Y resulta que la realidad de un suceso del siglo XXI en nuestra supuesta sociedad avanzada y libérrima es aún más cruel.

Por supuesto que Blasco Ibáñez pudo haberse basado en hechos auténticos, por supuesto que pudo también haberlos fantaseado todos. En común tienen el intento desesperado de ocultar un embarazo. Por presiones sociales, siempre y en ambas historias. Por no perder una herencia, el maldito afán económico, además, en la novela. Por inmadurez y desesperación, supongo, en nuestros jóvenes protagonistas reales.

Es la naturaleza humana retratada la que me impacta en las dos situaciones. Esa capacidad que tenemos de lo mejor, que no es el caso esta vez, y lo peor. Ay, qué tremenda nuestra naturaleza humana.

No consigo terminar mi novela

Llevo meses escribiendo una novela. Cincuenta mil palabras acumulo ya. Estoy bordeando el cierre, pero no consigo terminarlo. Me invade una especie de galvana, de pereza o de miedo, no sabría definirlo, que nunca había sentido antes. La verdad es que soy metódica y disciplinada, pero ahora no consigo volver a esa constancia que creía parte de mí.

Razones emocionales


Pensé que era mi cambio vital (acabo de jubilarme) y el desconcierto que produce no tener más obligaciones que las que una misma se impone, pero no. Ahora empiezo a plantearme otra explicación. Ha sido hace poco, cuando leí la columna de Almudena Grandes en El País Semanal y descubrí que a ella le pasa lo mismo.

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Mis planes recientes de profe y de escritora

Mi blog de escritora
  1. Construir mi página. Ya casi está, como se puede ver.
  2. Terminar la novela (me quedan un par de capítulos).
  3. Revisar, editar y publicar mis relatos.
  4. Practicar con la tableta gráfica y los programas de animación y vídeo
  5. Elaborar guiones para hacer vídeos cortos sobre mis materias
  6. Aprender patronaje y sastrería.
  7. Y viajar cada vez que sea posible.

He empezado una nueva vida en la que lo creativo toma un papel predominante.