Cómo conseguir un buen desenlace (I)

Creo que por fin tengo terminado el borrador de mi primera novela. Ahora voy a someterla al escrutinio de varios lectores cero. Algunos amables amigos escribidores ya han respondido a mi súplica, si algún otro de los que me lee quiere unirse, que me lo diga, por favor. Además, me gustaría también conseguir una lectura profesional. No conozco a nadie, pero he tendido mis redes, por si me llega una recomendación de confianza. Decidme algo si sabéis, porfa.

Entre otras cosas varias, estos últimos días he leído un librito interesante que reflexiona sobre cómo construir un buen final. La única pega es que está escrito en inglés, aunque tiene un estilo y una estructura sencillísimos de seguir. Lo recomiendo. Es práctico y a la vez muy divertido, porque pone continuos ejemplos de novelas, series y películas clásicas. Lo he disfrutado, la verdad. En digital es muy barato, aunque yo lo tengo en papel porque si no hago subrayados en los textos teóricos no me rinde su lectura.

The last fifty pages comienza con un refrán: It is not how you drive, it´s how you arrive. Y luego lanza su primer argumento: el final debe ser siempre satisfactorio para el lector. Lo que no significa, por cierto, que sea feliz, sino que no frustre los hilos abiertos, que no prometa más de lo que luego realmente ofrece. El mayor ejemplo de esa desilusión para James Scott Bell es la serie Lost (Perdidos, en España). Y yo le doy toda la razón. Menudo fiasco.

El segundo argumento que lanza también es de sentido común: hay que tener en mente un final desde que se empieza a escribir. Aunque se vaya cambiando por el camino, aunque se termine desechando. No tener un desenlace previsto provoca incoherencias y obliga a una revisión más drástica de todo lo trabajado. Solo por esto último, puro espíritu práctico, ya sería bastante necesario. Pero allá cada quien con las horas que dedica a escribir y su llanto por los largos textos que luego duele tanto desechar por imprevisión.

El tercer argumento también me encanta. Suponiendo ya un buen inicio, (que no es moco de pavo, pero bueno, vamos a suponerlo), para conseguir un buen final es imprescindible un nudo bien trabajado. Y en él «un momento de espejo», en una nueva situación límite para el protagonista. El paso del planteamiento al nudo ya debería haber sido un empujón para el personaje principal, algo que le impeliera a seguir adelante por imposibilidad de retroceso a las rutinas previas. El siguiente empellón debe estar todavía más cuidado y ser todavía más especial.

Según Scott Bell el personaje debe analizarse a sí mismo y preguntarse qué tipo de ser humano es y en qué se está convirtiendo, como en un espejo. Esa transformación imprescindible cuando se crea el arco del personaje hay que mimarla en extremo. Si el autor la tiene clara, la novela fluye hacia un desenlace perfecto, hacia un final que debería ser inolvidable.

En ese «momento de espejo» el personaje ha cambiado y la pregunta que tirará de la trama es en qué llegará a convertirse. (¿Dejará Rick de ser un escéptico vividor en Casablanca? ¿Encontrará un cerebro el espantapájaros de El Mago de Oz? ). En uno de esos «momentos de espejo» un protagonista puede intuir que ganará la partida y todo saldrá bien. O comprender que tiene la batalla perdida, que posiblemente morirá (física, moral o socialmente).

Una vez que se tiene ese momento de espejo, dice Scott Bell, se ilumina el resto de la novela, de principio a fin. Y será una guía perfecta para plantear la trama, las escenas, el sentido último (el tema) y a dónde tiene que llegar la historia.

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