Hace justo un año que me despedí de mi profesión y de mis compañeros del curso 2018-19. La fecha legal era después del verano y para entonces muchos ya no iban a estar en el centro, así que adelanté la celebración para darles cabida a todos. Hoy recuerdo ese último viernes de docencia:
MI DISCURSO DE DESPEDIDA Y TESTAMENTO DOCENTE

Bueno, esto se acaba.
Siento que me acerco a otro momento inexorable. Y que indefectiblemente todo llega.
He elegido empezar antes esta nueva etapa para disfrutar de ella, pero es inevitable pensar en su significado abstracto. Y preocuparse es un signo de responsabilidad y de consciencia. Por eso siento a la vez alegría y vértigo.
Nueva vida, nueva perspectiva vital, novedosas variables a partir de unos pocos días.
Me voy con un gran bagaje: 38 cursos. Tres en privada y 35 en pública.
No voy a decir los tópicos de que el tiempo pasa deprisa y parece que fue ayer, porque no es así. Han sido años largos, a menudo duros, vividos momento a momento.
Pero sí que he trabajado con gusto, porque elegí la enseñanza a conciencia y la he disfrutado todo lo que he podido.
No solo me ha servido para ganarme la vida.
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