Las obras de Carmen Martín Gaite

La verdad es que la autora tiene de todo, fue muy prolífica y pudo vivir de la escritura porque tocó muchos palos. Hizo narrativa breve, novelas, ensayos, artículos y conferencias. Pero también poesía y teatro, guiones de cine y televisión, traducciones, prólogos y ediciones críticas, antologías y colaboraciones. Finalmente, de ella tenemos, además de sus obras completas, su epistolario.

En 1955 publica su primera obra, El balneario, y obtiene por ella el Premio Café Gijón. En 1957 recibe el Premio Nadal por Entre visillos.

Tras escribir varias obras de teatro, como A palo seco (1957) o La hermana pequeña (1959), continúa con la narrativa con Las ataduras (1960), Ritmo lento (1963) y Retahílas (1974), entre otras novelas. Se doctora en 1972 presentando en la Universidad de Madrid su tesis Usos amorosos del XVIII en España. En 1976 recopila su poesía en A rachas y dos años después hace lo propio con sus relatos en Cuentos completos. En 1981 vuelve al ensayo con Usos amorosos de la postguerra española.

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2025 centenario de Carmen Martín Gaite

Es una de mis escritoras favoritas. Me gusta su estilo, su registro idiomático, y su concepto de qué es  escribir.

Ella misma contó los tres tipos de satisfacción que dijo sentir como escritora en una entrevista de 1998. Y me encanta su sencillez,  su modestia, que no sea nada pedante.

La primera satisfacción es «la de cuando escribes. Porque a mí lo que me gusta es escribir. (…) Y no contarlo todo de golpe, pues eso es lo esencial para mantener el interés del lector. (…)

»Otra es la satisfacción de las críticas. Las leo y las recibo bien. Y aunque algunas veces pienso que no se han fijado en algo a lo que yo concedo importancia, otras veo (…) puntualizaciones que me sorprenden por lo atinadas. (…)

»La tercera satisfacción es la del lector. Constato que le gusto a bastante gente. (…) Y que no me ven como una escritora que haya tirado la toalla, una escritora consagrada. Pero esta gratificación de la venta, digamos, no lo es en sí misma, si uno no está contento consigo mismo. (…) Si lo que he hecho lo he hecho lo mejor que he sabido, me satisface que el lector lo  valore.»

Veintiún veces 11 de marzo


Llueve. Como aquella mañana maldita en que estrenabas paraguas. Ese con el que jugaste y reíste la tarde previa, el que luego apareció roto en dos pedazos en tu mochila.

Son las 4:15 y llevo una hora dando vueltas en la cama, perdido el sueño, pensando en ti.

Y en que en unas horas iremos a Atocha, la estación en que te mataron, hijo,  hace ya veintiún años. Uno más de los que pudiste vivir, malditos sean los locos asesinos. Demasiado tiempo ya sin ti.

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1 de marzo de 2025

Ya llega el mes maldito. No importa que haya distracciones varias, ahí está. Y tú no.

Me entretengo con lo que surge, pero nada me cura de tu ausencia. De la nostalgia, el dolor, la rabia, la frustración, el luto para siempre…

Esta noche florecieron las orquídeas. Y tu árbol favorito luce algunas de esas suyas chiquitas y rosadas.

La primavera asoma entre las brumas del invierno. Ojalá también la esperanza.

Del blog Recordando a Rodrigo