Entrevista de autora en Poemas del Alma

Por estas horas, Marisol Pérez Urbano está preparándose para asistir en suelo madrileño a la presentación de una obra desarrollada por Víctor Sampedro Blanco que se titula “Voces del 11-M. Víctimas de la mentira”. Al respecto, es importante señalar que esta profesora y autora instruida en Filología Hispánica es mamá de Rodrigo, una de las tantas víctimas de los atentados que se produjeron en la capital de España el 11 de marzo de 2004.

A raíz de esa tragedia que marcó un antes y un después en su existencia, la escritora terminó publicando “Dinos dónde estás y vamos a buscarte”. Claro que su producción también abarca a “Nina” y a “Barrio 1972” (un material que estuvo visibilizando durante el II Festival de Novela Negra de Vallekas).

El sitio web que lleva su nombre y las redes sociales son espacios ideales para saber más acerca de ella y poder contactar a esta exponente del ámbito literario que en esta oportunidad consigue visibilidad en Poemas del Alma gracias al cuestionario breve que, gentilmente, ha aceptado responder a distancia.

¿Cuál es el libro (propio o ajeno) que mejor te define hoy en día? ¿Razones?
– Me parezco un poco a la Nina de mi novela homónima. Pero el libro que más me define, porque tiene mucho de autobiográfico es «Dinos dónde estás y vamos a buscarte».
Si “Barrio 1972” no fuera de tu autoría, ¿sentirías atracción o interés por esta novela? ¿Motivos?
– Sí. Nunca escribo nada que no me interese.Y menos aún una novela, sería una tortura dedicarle tanto tiempo y esfuerzo. ¿Razones? Me gusta ese personaje colectivo, el barrio entero; la trama, y la vida que comparten.
¿A manos de quién, y por qué, te gustaría que llegue un ejemplar de “Dinos dónde estás y vamos a buscarte”?
– Ya se lo hice llegar a mucha gente. Ahora se me ocurre que cualquiera que esté cerca de la radicalización. No digo solo yihadista. Tambien política, deportiva o personal. Cualquiera que piense que la venganza o la violencia solucionan algo.
¿Qué enseñanzas te va dejando tu producción a medida que vas alimentándola con publicaciones de distintos estilos?
– Que emoción y sobriedad expresiva van muy bien de la mano. Y la intriga junto a la crítica social y a la verosimilitud. Cada vez me gusta más mezclar géneros. Aunque prevalece siempre el espíritu crítico.
De acuerdo a tu opinión, ¿de qué manera el avance de la tecnología beneficia al ámbito literario?
– Es un enorme beneficio la expansión del conocimiento. Jamás hemos tenido tan a mano tanta información de toda índole. Incluido el ámbito literario. Recuerdo mis horas de biblioteca para investigar lo que ahora está a mi disposición en unos segundos.

En Poemas del Alma

«El lugar» de Annie Ernaux

Me cuesta llamar «novela» a ese escrito de la premio Nobel. El lugar es el segundo texto suyo que leo, después de Pura Pasión y vuelve a acompañarme la certeza de que es una autora magnífica.

La historia sucede a finales de los sesenta, aunque el libro se publica en 2002. No quiero destripar la trama, si es que de veras hay algo así como una trama. Copio la sinopsis editorial y espero que sea suficiente en ese sentido:

En abril de 1967, la autora y protagonista, por entonces joven aspirante a profesora de secundaria, supera el examen de capacitación en un liceo de Lyon para orgullo (y recelo) de su padre, antiguo obrero que, procedente del medio rural y tras trabajar duramente, ha acabado convertido en propietario de un pequeño comercio en las provincias. Para ese padre, todo eso significa otro paso adelante en su difícil ascenso social; sin embargo, poco le dura esta satisfacción, ya que fallece dos meses después. Padre e hija han traspasado sus respectivos «lugares» dentro de la sociedad. Pero se han mirado entre sí con suspicacia, y la distancia entre ambos ha ido tornándose cada vez más dolorosa.El lugar se centra, pues, no sólo en los complejos y prejuicios, los usos y las normas de comportamiento de un segmento social de límites difusos, cuyo espejo es la culta y educada burguesía urbana, sino también en la dificultad de habitar en un espacio propio dentro de la sociedad.

Con su estilo sobrio, sin alardes estilísticos, Annie Ernaux hace una crónica de la relación con su padre fallecido (una crítica incluso considera la obra un diario de duelo), pero también, un estudio histórico, casi sociológico, de lo que supone cambiar de clase. En su caso específico, además, múltiples escenas y anécdotas autobiográficas muestran el dolor y el desasosiego de no pertenecer del todo ni a la de origen ni a la nueva. Por el camino se descubre, también, la pérdida del contacto con su familia. La educación no es solo instructiva, parece concluir. Modula de tal forma gustos y aversiones que la aleja definitivamente de las costumbres y perspectivas vitales de su progenitores y familiares. Y ahí hay una melancolía muy particular.

El texto trata muchos otros temas, como el lenguaje y los registros idiomáticos, la escritura, los avances sociales o el duelo que cité más arriba, porque con su estilo tan especial, a ratos resulta narrativo, otros expositivo y crítico. De ahí mi resistencia a denominarlo «novela».

En fin, que hay que leerlo, que merece la pena muchísimo.