Por qué la docencia

Enseñar es transformar, llegar a los corazones y dejar huellas. Además, enseñando se está aprendiendo siempre.
Enseñar Lengua es una tarea importantísima, ya que el idioma conforma el pensamiento. La claridad mental requiere palabras precisas y resulta muy emocionante ver cómo los alumnos progresan en ese sentido.
Enseñar Literatura es abrir los ojos y el corazón a los sentimientos e ideas de todos los tiempos. También a nuevos mundos en los que vivir mil vidas. O hacerlas vivir a otros si se escribe.
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Centenario de «Seis personajes en busca de autor»

Seis personajes en busca de autor (en italiano Sei personaggi in cerca d’autore) es la más famosa obra del escritor Luigi Pirandello, estrenada en Italia en 1921; la primera publicación del texto fue en 1925.
En conjunto con el resto de su producción dramática de la época, propone innovadores procedimientos que serán posteriormente influyentes fundamentos del teatro moderno, especialmente en el llamado Teatro del absurdo.
Considerada por algunos como su obra maestra, es también la primera de una trilogía de piezas de teatro dedicado al teatro: las otras dos son Cada cual a su manera (Ciascuno a suo modo, 1924) y Esta noche se improvisa la comedia (Questa sera si recita a soggetto, 1928-29).
SPeBdA una pieza innovadora que desafía las convenciones del teatro tradicional. En ella, seis personajes incompletos aparecen en un escenario, buscando que un grupo de actores los represente. La obra cuestiona la naturaleza de la realidad y la ficción, ya que los personajes insisten en que su historia debe ser contada tal como ellos la viven, no como un autor la ha escrito.
Así, Pirandello explora temas como la identidad, la percepción y la autoridad del creador sobre sus creaciones. La obra también refleja la dificultad de distinguir entre la vida y la representación, invitando al espectador a reflexionar sobre la subjetividad y la verdad.
En definitiva, «Seis personajes en busca de autor» es una obra que rompe con las estructuras tradicionales y abre un diálogo profundo sobre la existencia y la creación artística.
Las obras de Carmen Martín Gaite

La verdad es que la autora tiene de todo, fue muy prolífica y pudo vivir de la escritura porque tocó muchos palos. Hizo narrativa breve, novelas, ensayos, artículos y conferencias. Pero también poesía y teatro, guiones de cine y televisión, traducciones, prólogos y ediciones críticas, antologías y colaboraciones. Finalmente, de ella tenemos, además de sus obras completas, su epistolario.
En 1955 publica su primera obra, El balneario, y obtiene por ella el Premio Café Gijón. En 1957 recibe el Premio Nadal por Entre visillos.
Tras escribir varias obras de teatro, como A palo seco (1957) o La hermana pequeña (1959), continúa con la narrativa con Las ataduras (1960), Ritmo lento (1963) y Retahílas (1974), entre otras novelas. Se doctora en 1972 presentando en la Universidad de Madrid su tesis Usos amorosos del XVIII en España. En 1976 recopila su poesía en A rachas y dos años después hace lo propio con sus relatos en Cuentos completos. En 1981 vuelve al ensayo con Usos amorosos de la postguerra española.
2025 centenario de Carmen Martín Gaite

Es una de mis escritoras favoritas. Me gusta su estilo, su registro idiomático, y su concepto de qué es escribir.
Ella misma contó los tres tipos de satisfacción que dijo sentir como escritora en una entrevista de 1998. Y me encanta su sencillez, su modestia, que no sea nada pedante.
La primera satisfacción es «la de cuando escribes. Porque a mí lo que me gusta es escribir. (…) Y no contarlo todo de golpe, pues eso es lo esencial para mantener el interés del lector. (…)
»Otra es la satisfacción de las críticas. Las leo y las recibo bien. Y aunque algunas veces pienso que no se han fijado en algo a lo que yo concedo importancia, otras veo (…) puntualizaciones que me sorprenden por lo atinadas. (…)
»La tercera satisfacción es la del lector. Constato que le gusto a bastante gente. (…) Y que no me ven como una escritora que haya tirado la toalla, una escritora consagrada. Pero esta gratificación de la venta, digamos, no lo es en sí misma, si uno no está contento consigo mismo. (…) Si lo que he hecho lo he hecho lo mejor que he sabido, me satisface que el lector lo valore.»
Veintiún veces 11 de marzo

Llueve. Como aquella mañana maldita en que estrenabas paraguas. Ese con el que jugaste y reíste la tarde previa, el que luego apareció roto en dos pedazos en tu mochila.
Son las 4:15 y llevo una hora dando vueltas en la cama, perdido el sueño, pensando en ti.
Y en que en unas horas iremos a Atocha, la estación en que te mataron, hijo, hace ya veintiún años. Uno más de los que pudiste vivir, malditos sean los locos asesinos. Demasiado tiempo ya sin ti.
Por qué la escritura
