Por qué la docencia

Enseñar es transformar, llegar a los corazones y dejar huellas. Además, enseñando se está aprendiendo siempre.
Enseñar Lengua es una tarea importantísima, ya que el idioma conforma el pensamiento. La claridad mental requiere palabras precisas y resulta muy emocionante ver cómo los alumnos progresan en ese sentido.
Enseñar Literatura es abrir los ojos y el corazón a los sentimientos e ideas de todos los tiempos. También a nuevos mundos en los que vivir mil vidas. O hacerlas vivir a otros si se escribe.
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Cuídate de los idus de marzo

Ha pasado una semana desde la fecha fatídica del día once y su efecto aniversario. Otras veces necesité este tiempo para volver a una rutina que ahora, sin embargo, es imposible. Se ha decretado el estado de alarma por el coronavirus. Estamos recluidos en nuestros domicilios. Nada ayuda a volver a la realidad si se ha roto para todos.
Los idus de marzo no nos fueron propicios en 2004, tampoco este año. Oigo que lo peor está por llegar y me alarmo en exceso, esa es mi secuela, la de agobiarme enseguida. Me impongo ejercicios físicos, mantengo los horarios y actividades que puedo hacer en casa, leo, escribo, coso, cocino, veo series o pelis, me muevo por las redes sociales… No me cunde el tiempo. Parece que va a dar para todo y se me ha pasado media mañana. ¿Hasta recluida en mi casa voy a seguir estando estresada? Nada calma del todo mi ansiedad. Dar paseos, que me ayudaba mucho, está prohibido. Debería volver a la meditación/relajación. ¿Por qué no ahora mismo? Respiro hondo.
Me planteo hacer algo por los demás, como los sanitarios están peleando por todos. Y solo se me ocurre crear vídeos de ayuda didáctica en mi asignatura. Tengo algunos planeados, pero los llevo posponiendo meses, porque no me alcanza la técnica para algo de calidad. Ahora pienso que en esta situación de cuarentena debería bajar mis expectativas de montaje y medios. Algo sencillo sería suficiente para para verificar si sirven para algo. Y para probarme a mí misma.
Nada de lo que escribo, aquí o en otros lugares, me convence. Me muevo entre sensaciones de inconsistencia, ganas de recuperar el equilibrio y la impresión de que cualquier cosa ajena a los enfermos y fallecidos es una frivolidad imperdonable. Han pasado más de dos semanas desde que estuvimos en Asturias y seguimos asintomáticos, con lo que está claro que allí ni infectamos ni nos infectaron. Tampoco parece que pasara nada con el dichoso virus en Irlanda del Norte, aunque aún deberíamos esperar dos días para alcanzar la quincena de la que hablan los expertos. Esa es nuestra única aportación a bajar la curva de infecciones. Y quedarnos en casa.
¿Cuántos días llevamos de reclusión? Me duele la cabeza si intento recordarlo, el ruido de una aspiradora lejana me va a volver tarumba, no escribo más. Nos seguimos leyendo. Ánimo a todos.
Dieciséis veces once de marzo

Te escribo cada sábado para hacer patente que no te olvido. Te cuento nuestras vidas aunque estoy convencida de que no te son ajenas. Te hablo cada mañana y cada noche, tu nombre entre los de tu padre y tu hermano, porque los tres sois los hombres de mi vida y os mando siempre todo mi amor incondicional.
En los primeros días, semanas, meses, incluso años, sentía que estabas cerca, rondando nuestro mundo. Y eso me consolaba un poco de tu ausencia dolorosa. Ahora te sé lejano. Y entiendo que debe ser así, pero me duele.
Sin embargo, querido Rodrigo, no me rindo.
Te quiero más allá de las sensaciones, de la proximidad, de la lógica y de la muerte. Nada me hará desistir de amarte y buscarte toda mi vida.
Nos volveremos a encontrar.

El pruno florecido, a la entrada de nuestra casa, fue lo último que viste aquella mañana fatídica.
Te encantaba.
Cada primavera sus flores rosadas son una lección tuya y de la naturaleza. Nos enseñan que debemos renacer de nuestra pena y luchar por un mundo mejor.
Eso intentamos, hijo. En tu nombre. Con tu recuerdo.
TE QUEREMOS.
El diario de cuatro días en Belfast

Jueves 5 de marzo de 2020
Escribo desde un hotel en Belfast, después de tres aeropuertos y dos vuelos. Son las 22:41 de aquí, casi las doce de la noche en Madrid. Tenemos dos días intensos por delante.
Viernes 6 de marzo de 2020
Son las siete y media de España, una hora menos en Belfast. Veo que empieza a amanecer y que no todo son nubes. Vuelve a sonar el tráfico de la calle. Estamos en una habitación muy grande, con una cama doble y otra individual, almohadas y edredón de plumas y suelo enmoquetado. Espero que no me dé la alergia, parece todo muy limpio.
El vuelo de Madrid a Liverpool duró dos horas y media, pero el de allí hasta Belfast ni siquiera sesenta minutos. Lo peor, el transbordo con tres horas de espera y pasar dos inspecciones de maletas, bolsas y zapatos. Con cacheo incluido.
Aquí KD, del SEFF, nos vino a buscar al aeropuerto, nos mostró la ciudad, nos acompañó al hotel, a la misma habitación, donde nos regaló libros, folletos, insignias, DVDs… Por si fuera poco, nos hizo bajar para solo diez minutos, decía, y era la disculpa para invitarnos a cenar antes de que cerrase la cocina del hotel.
Hoy tenemos la mañana libre, que dedicaremos a ver el Museo del Ulster, y a atender a dos periodistas. Nos recogen a las tres para ir a Stormont. El evento será a las siete. Mañana nos llevan de excursión y el domingo tenemos un tour por la ciudad y luego nos llevarán al aeropuerto. Qué hospitalarios. Muy majos.
Lucho con las sensaciones de irrealidad. La inconsistencia me envuelve. Pero, mejor, así no pienso en lo cerca que está el fatídico día once.
Sábado 7 de marzo de 2020
Todo salió bien. Es un trago dar un discurso en inglés contando nuestra experiencia como víctimas del terrorismo. Supongo que he tenido fallos, pero creo que me hice entender lo suficiente. JC también dijo unas palabras. Y al final nos aplaudieron puestos en pie, más de 200 personas, me impresionó mucho.
También me quedé impactadísima con lo que contaron las víctimas norirlandesas. Sentía su pena, su rabia, su duelo no cerrado. Mi inglés no alcanzaba para comprender todas y cada una de sus palabras; ni lo que podía significar el lugar donde sucedieron los hechos, que siempre citaban y que supongo que para los de allí era una manera de saber en qué barrio estaban y quiénes habían sido los asesinos. Pero sí, al menos, me llegó para seguir el hilo de sus testimonios.
Me quedo con la impresión potente de que allí todavía está todo en carne viva y con las sensaciones de que su conflicto (the Troubles) y el del país vasco se parecen un poco más entre sí que nuestra experiencia como víctimas de yihadismo. Aun así, el dolor y la injusticia nos hermanan. Se sintieron muy tocados por nuestro testimonio. Muchos de los asistentes vinieron luego a darnos las gracias por acudir, a contarnos sus casos, a compartir la pena. De verdad que fue emocionalmente fuerte.
Continuar leyendo«Pareja de Madrid comparte evento de víctimas de Stormont» News Letter Belfast

Una pareja española cuyo hijo fue asesinado en los atentados con bomba en el tren de Madrid se dirigió a unas 200 personas en Stormont anoche en un evento organizado en memoria de las víctimas.
El 11 de marzo de 2004, una serie de bombas islamistas en cuatro trenes de cercanías mataron a 191 e hirieron a 1.841, el peor ataque terrorista en Europa desde el atentado de Lockerbie en 1988. Posteriormente, la Comisión Europea designó el 11 de marzo como Día Europeo de Recuerdo para las Víctimas del Terrorismo.
Anoche Marisol Urbano y Juan Carlos Cabrero Rojo de Madrid contaron cómo mataron a su hijo Rodrigo camino a la universidad. «Lo estuvimos buscando durante 24 horas y finalmente lo encontramos en la morgue», dijo Marisol al News Letter. «Tanto mis padres como mi suegro murieron pocos meses después, devastados». La pareja y su hijo sobreviviente aún sufren de trastorno de estrés postraumático y ataques de pánico.
“Queremos decir que las personas que sufren la maldad terrorista son para nosotros como familia y que todos tenemos las mismas preocupaciones y sentimientos. Querríamos tener al menos la esperanza de poder conseguir un mundo mejor. Si trabajamos juntos, tratando de compartir una vida de amor y esperanza en medio del dolor «.
Víctimas norirlandesas
Glen Pollock contó anoche cómo su tío Ronnie Pollock, un oficial de la RUC, perdió las piernas en una bomba de trampa de IRA en Banbridge en 1981. Unas semanas más tarde, el hermano de Glen, Samuel, de 20 años, murió asesinado. Era una bomba del IRA conectada al coche de su amigo de la UDR, que sobrevivió. «Estas personas ahora quieren reescribir la historia», dijo Glen. “¿Y dónde deja eso a las víctimas inocentes a las que ahora no se les hace justicia? Muchas personas sienten que no se persigue a los asesinos como una fórmula de conseguir un apaciguamiento rápido .»
Mary McCurrie contó cómo su padre James McCurrie, un civil, fue asesinado en 1970, justo al lado de Newtownards Road, en el este de Belfast. Fue un fin de semana de violencia en Belfast que vio a cinco civiles protestantes asesinados a tiros por republicanos y un católico, según los informes, disparados accidentalmente por el IRA.
By Philip Bradfield Saturday, 7th March 2020, 7:00 am Updated Saturday, 7th March 2020, 7:56 am en News Letter Belfast
Por qué la escritura
