La gran nevada

Nunca había vivido un fenómeno como este. He pateado nieve en la montaña, he sufrido allí alguna ventisca, pero en casa, en la ciudad, nevar suponía solo la magia de un poco de color blanco salpicado aquí y allá. Pocas veces había visto una nevada de más de cuatro o cinco centímetros. Hasta ayer.

El viernes empezó con fuerza y superó todas las pobres previsiones mías. Pensaba que diez o veinte centímetros podrían ser la nevadona anunciada, pero la realidad llegó por la noche, mientras dormíamos. La mañana del sábado encontramos las ventanas obturadas, las paredes y cristales opacados, y medio metro de nieve en terrazas y jardines.

Los árboles cargados no solo de nieve, sino de hielo, mostraban muchas ramas rotas. Los coches aparcados en nuestra calle estaban completamente ocultos bajo cincuenta o sesenta centímetros y había un silencio y una calma muy especiales mientras los copos caían con insistencia. Una estampa hermosa vista desde el refugio calentito de cada casa, pero una ratonera para muchos que se quedaron atrapados en sus negocios, oficinas, puestos de trabajo, o en sus coches de vuelta al hogar. Y una pesadilla para los servicios esenciales, como los sanitarios, que han doblado y triplicado turnos porque no llegan los relevos. Lo que les faltaba a las ya exhaustas plantillas.

Hoy, domingo, todavía está toda la Comunidad de Madrid llena de nieve y, curiosamente, donde menos ha nevado ha sido en la sierra. No hay transporte público, Barajas ha cerrado, ninguna autopista está transitable y tampoco se puede circular por las calles de Madrid, ni siquiera por las grandes arterias. Se han suspendido las clases hasta el miércoles y ya veremos si para entonces habrá la movilidad suficiente. Me temo que no. Porque ahora las previsiones son de temperaturas bajo cero y la nieve convertida en hielo va a ser un horror.

Ayer por la tarde, finalmente, el barrio se activó y salimos todos a limpiar los accesos, retirando nieve de terrazas y paramentos horizontales que en un deshielo rápido pudieran afectar a las viviendas. La pala metálica que nos agenciamos, además de pesada, se volvió ineficaz, porque la nieve se quedaba adherida y no había forma de hacerla desprenderse. Así que recurrimos a los recogedores de plástico, los de barrer, livianos y eficaces con la nieve en polvo. Terminaron rotos, de puro desgaste de material, pero facilitaban mucho el trabajo.

Son las siete y media. Tecleo en el móvil. Todavía no me he asomado a las ventanas. Me da pena que haya desaparecido la belleza de la nieve en el jardín. (Pausa para comprobarlo). Pero no. Ahí sigue la gigantesca capa de nieve, en los tejados, jardines y calles. Quizá, si luce el sol, pueda derretirse un poco.

ACTUALIZACIÓN: quince días ha costado acabar con la nieve. Ha sido un confinamiento climático.

«Matar un ruiseñor» de Harper Lee

«Matar un ruiseñor (título original en inglés: To Kill a Mockingbird) es una novela de 1960 de la escritora estadounidense Harper Lee. Su publicación tuvo un éxito instantáneo, ganando el premio Pulitzer y pasando a convertirse en un clásico de la literatura estadounidense. La novela está inspirada en las observaciones de la autora sobre su familia y sus vecinos, así como en un incidente ocurrido cerca de su ciudad en 1936, cuando tenía 10 años de edad.» (Fuente: Wikipedia)

Hace mucho tiempo vi la película y me gustó. Estos días, que he encontrado la novela, me pareció interesante compararlas. Y eso he hecho: leer el largo texto y revisionar la cinta.

Lo primero que comento es que me han sorpendido las fechas. Como el film es en blanco y negro, creía yo, pobre de mí, que se había rodado en los treinta o cuarenta, poco después del crack del 29 y la depresión económica de la que habla. Ha sido una gran sorpresa descubrir que el texto es de 1960 y, consecuentemente, la peli de 1962. No lo parecen. Y no solo por la ambientación, sino porque las técnicas elegidas, tanto el film como la novela, no son nada novedosas .

Temática

«Matar un ruiseñor muestra una comunidad dominada por los prejuicios raciales, la desconfianza hacia lo diferente, la rigidez de los vínculos familiares y vecinales. Y con un sistema judicial sin apenas garantías para la población negra. Un auténtico clásico de la literatura estadounidense del siglo XX que ha cautivado a millones de lectores. En 1962, Robert Mulligan la llevó al cine es una oscarizada producción con Horton Foote y Gregory Peck en los papeles protagonistas.» (Cuentan en quelibroleo.com)

Sinopsis

Jean Louise Finch, (Scout para los amigos, la protagonista), escribe en primera persona los años de su infancia en Maycomb (Alabama, USA). Junto con su hermano Jem y su amigo Dill, narra aventuras infantiles tópicas, a la vez que explica (con la supuesta inocencia de una niña) las actitudes clasistas y racistas de la comunidad en la que viven. Después de tres años de cursos aburridos y diversiones veraniegas, se produce el hecho capital de la trama: el juicio en el que su padre tiene que defender a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca. Y aunque demuestra que no hay pruebas, el jurado lo declara culpable.

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Pandemias legendarias

El flautista de Hamelín es un relato popular reescrito como cuento por los Hermanos Grimm en 1816. Narra un suceso del siglo XIII que se terminó convirtiendo en leyenda, posiblemente también por una inscripción de 1602 o 1603 en Hamelín (Alemania), que todavía permanece:  

En el año de 1284 en el día de Juan y Pablo
siendo el 26 de junio
por un flautista vestido con muchos colores,
fueron seducidos 130 niños nacidos en Hamelin
y se perdieron en el lugar del calvario, cerca de las colinas.

Cuenta la historia que, en aquellas fechas, la ciudad sufría una grave plaga de ratas. Así que cuando un desconocido recién llegado se ofreció  a los habitantes para librarles de ellas (a cambio, eso sí, de una  recompensa),  los aldeanos estuvieron muy de acuerdo. El hombre empezó a tocar una flauta mágica cuya música sacaba a todos aquellos roedores de sus agujeros y los reunía a su alrededor. Entonces, caminando y tocando, el flautista se dirigió hacia el río Weser y las ratas, que iban tras él, perecieron ahogadas.

Cumplida su misión, reclamó su recompensa, pero los aldeanos se negaron a pagarle con la excusa de que no había hecho el trabajo él, sino su flauta. La venganza del músico fue llevarse a todos los niños de la ciudad, utilizando la misma magia. Le siguieron al compás de la música hasta donde él quiso: una cueva de la que nunca salieron. Desenlace funesto donde los haya. En otras versiones dulcificadas, el final es feliz y los niños vuelven a casa en cuanto los padres pagan el dinero prometido, pero esa no es la historia original.

En estos tiempos de pandemia y confinamientos, se ha vuelto a poner de moda  esta leyenda alemana y no hago más que ver por todas partes explicaciones metafóricas que defienden que el protagonista es la muerte. Y que las ratas, además de fuente de transmisión, simbolizan la peste que asolaba Europa por aquellos años. Pero hay otras explicaciones. Leo en la Wikipedia que las más creíbles son estas:

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