
Llevo meses escribiendo una novela. Cincuenta mil palabras acumulo ya. Estoy bordeando el cierre, pero no consigo terminarlo. Me invade una especie de galvana, de pereza o de miedo, no sabría definirlo, que nunca había sentido antes. La verdad es que soy metódica y disciplinada, pero ahora no consigo volver a esa constancia que creía parte de mí.
Razones emocionales
Pensé que era mi cambio vital (acabo de jubilarme) y el desconcierto que produce no tener más obligaciones que las que una misma se impone, pero no. Ahora empiezo a plantearme otra explicación. Ha sido hace poco, cuando leí la columna de Almudena Grandes en El País Semanal y descubrí que a ella le pasa lo mismo.










