Empezar el curso

Aunque ya no ejerzo, sigo sintiéndome profesora de mis queridas asignaturas. Y por eso subo uno o dos vídeos semanales a mi canal desde que lo abrí, a mediados de mayo. Tengo ya 31. Por supuesto, de Sintaxis. No solo porque yo creo que es la materia que más dudas crea en los alumnos, sino porque ellos así lo corroboraron durante años. Y porque haciendo análisis sintáctico era cuando me proponían que subiera mi método a la red.

Es obvio que para más adelante me planteo nuevas temáticas. Ahora que no puedo pulsar sus opiniones en directo, me tendré que guiar por lo que me demanden alumnos desconocidos. Alguna experiencia he tenido ya que me ha dado pistas al respecto. Sin embargo, para ser todo lo concienzuda y exhaustiva que debo, no me dedicaré a ellas hasta que cumpla con lo que tengo previsto para que mi canal sea un curso completo de Sintaxis, desde lo más sencillo a lo más complicado. Desde 1º de ESO hasta 2º de Bachillerato.

Y de la misma manera que no puedo dejar de ser profe y pensar como docente, sufro muchísimo por el comienzo del curso. Por los compañeros, alumnos, padres y todo el personal que nos acompaña.

Los dogmas ultraliberales de la comunidad de Madrid, con la reducción sistemática de lo público incluso en plena pandemia, han hecho estallar la situación y multiplicado exponencialmente los contagios durante todo el verano. Tanto, que es una locura empezar tan malamente. Pero no les importan las bajas colaterales. Incluso llegan a reconocer sin ambages que todos los niños se van a terminar contagiando. Me sorprende que nada les pase factura, que sigan teniendo tantos adeptos autómatas y acríticos que están de acuerdo con lo que hacen o, (lo que causa vergüenza ajena), haya quien les apoye contra su propio beneficio.

Seis meses ha habido para que septiembre no fuera un caos, por cierto, como demasiados principios de curso de infausto recuerdo. Y la autoridad autonómica (in)competente ha vuelto a sus subterfugios habituales. Por mucho que acusen a otros, ya en junio había con qué trabajar y Valencia demuestra lo contrario y enseña cómo gestionar con tiempo, con ganas y con acuerdos.

Madrid sigue aplicando el recorte sistemático de lo público, da igual la situación sanitaria de pandemia. Y tiene continuas ocurrencias para derivar dinero público a sus amiguetes, ya sea en lo sanitario (hospital de IFEMA, nuevo hospital fantasma, rastreadores, pruebas elefantiásicas a toda la comunidad educativa...) como en lo educativo (plantillas reducidas, cupos podados, ratios insoportables y hablar mal de sus profesores en la pública; pero continua construcción y derivación de fondos hacia centros concertados, incluso antes de que existan físicamente, becas de guarderías, concierto de bachilleratos…).

Así que nos encontramos con que Madrid tiene prohibidas las reuniones de más de 10 personas, pero incumple su propia norma en las aulas. Con total desfachatez. Y, qué curioso, los únicos que parecen defender mejores condiciones de este comienzo improvisado son los de la enseñanza pública. ¿Dónde están los de la concertada? En Madrid son miles, ¿no tienen nada que decir? ¿Les han mejorado sus ratios a la chita callando? ¿Les han enviado profes de desdoble? ¿No pueden quejarse lo más mínimo? ¿No se les da cobertura mediática? Ni idea. Tremendo. Espero que la lucha de unos cuantos sirva para mejorar las circunstancias de todos y no para que los padres huyan de lo público, como prentenden las autoridades neoliberales.

En fin, desde aquí mando todo mi apoyo y solidaridad a mis compañeros docentes y a toda la comunidad educativa, a los alumnos que siguen en el insti y a los que están ya en otros mundos, de estudio o de trabajo, a sus padres y familias. Cuidaos mucho, por favor.

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