El gustazo de leer «Tea rooms»

He leído una novela estupenda, Tea rooms, de Luisa Carnés. En muy pocos días. Con fruición, como hacía antes. Echaba de menos devorar una historia. No sé calcular cuándo leí algo tan interesante. Se me pierde la memoria. Meses. Es posible que años.

Últimamente me cuesta leer. Me apunté al Club de lectura de la biblioteca de mi barrio para animarme y no funcionó. Solo dos títulos (una novela y un drama) me gustaron de los diez elegidos por el coordinador. Además de esas obras, a lo largo del curso, fui desechando otra docena de textos. Los empezaba y no conseguía terminarlos. A menudo porque no conseguía entrar en la historia. Casi siempre porque, a medio camino ya, me hastiaban.

Pensé que era cosa del cansancio de mi fin de carrera laboral, de tantas correcciones y lecturas por obligación.

Luego me temí una posible incapacidad mía. Especialmente cuando una compañera, en otro tiempo tan lectora compulsiva como yo, me explicó que ella sufría los mismos síntomas. De verdad me preocupé. Es cinco años mayor y lo achacaba directamente, sin prejuicios, a la vejez. Agotamiento intelectual y físico, pero recuperable le decía yo, porque a las dos se nos cansan los ojos y no podemos ni de lejos con los atracones de otros tiempos. Pero ella insistía en que se trataba de una evolución mental. Cuesta abajo.

Y andaba yo queriendo hacerme a la idea del declive, la debacle y el ocaso de mi capacidad lectora, cuando me asaltó una recomendación en Twitter. Una profe y compañera de Asturias reivindicaba la lectura de Luisa Carnés y su novela Tea rooms como ejemplo de narrativa femenina y feminista (de la generación del 27) que no ha envejecido ni lo más mínimo.

La compré. Y me la bebí. Con una facilidad recuperada que me emocionó. La novela es estupendísima. Iba a ponerme a hacerle una reseña, pero para qué , si las hay a cientos. Tiene un montón en Goodreads, echadles un vistazo. Copio de allí unas líneas que lo explican fenomenal:

Este libro (no sé si es adecuado definirlo como novela) cuenta la historia de las empleadas de un salón de té. Hace hincapié en cuestiones modernísimas y de gran calado social: desde el aborto hasta el acoso sexual, desde las jornadas laborales extenuantes hasta el derecho a huelga, desde la prostitución hasta las penurias que pasan las chicas de familias humildes. Es como si durante un año hubiese dejado una grabadora en el mostrador de este negocio y nos redactase lo más interesante a los lectores. De fondo, por supuesto, todas las turbulencias sociales e intelectuales de la España de la recién estrenada Segunda República. Fascinante.

Es una obra extremadamente coral: aunque en las primeras páginas parece que hay una protagonista (ya que se sigue su proceso de búsqueda de trabajo, que fue el mismo que vivió la autora) poco después notas como el foco de aleja y no hay ningún personaje que domine la narración: lo importante no son ellas, lo importante son las cosas que les pasan.

Juan Naranjo en Goodreads

Así termino. Encantada con la lectura. Y contenta porque le he encontrado una explicación a mi aparente y preocupante desgana. Creo que más bien se debe a que los textos no me enganchan. No es desidia, es que no quiero perder el tiempo con memeces. Y aquí sí entra lo de la vejez, pero en otro sentido: que no me sobra vida para tirarla en libros reguleras o malos. Solo es que mis filtros internos se han vuelto más selectivos y exigentes.

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