Así me presentó Pepe en la Semana Negra de Gijón 2024

Permítanme empezar con un enorme agradecimiento a la SEMANA NEGRA, seguir con un saludo a todos los asistentes, y, sin más preámbulos, presentar a la autora.

Marisol Pérez Urbano ha sido profesora de Lengua y Literatura en institutos públicos de Madrid, y es compañera sindical. Sus obras anteriores también fueron presentadas en esta Semana Negra: Dinos Donde estás y vamos a buscarte: Memoria y duelo del 11 M” (2019), publicada a los 15 años del terrible atentado, y Nina (2021), novela híbrida, negra y de memoria histórica, sobre la Transición.

Pero pasemos ahora al título que está presentando: Barrio 1972 es una novela social, como se comprende enseguida en los paratextos de epígrafe: López Salinas, Buero Vallejo y Víctor Jara. Nos encontramos ante un género denigrado por los “novísimos”, que la llamaban “novela de la berza”, un texto del también denominado «realismo crítico», que se define por sus valores de objetivismo, descriptivismo y diagnóstico de los problemas sociales.

Ferlosio, Cela, Goytisolo, Aldecoa, López Salinas… son los autores más conocidos, pero déjenme añadir a la “duquesa roja”: Isabel Álvarez de Toledo con su muy estimable La huelga de 1967. Todos ellos nos han dejado un testimonio valiosísimo de la vida material y el imaginario colectivo de varias generaciones de españoles, al modo que Galdós lo hizo para el XIX. Y en esa tradición se enmarca el Barrio 1972 de Marisol.

Pero también es una muy especial novela negra, tan de moda ahora y en algunas ocasiones tan olvidadiza de sus orígenes de crítica política y de descripción de las patologías sociales. Por tanto, nos encontramos ante una obra “mestiza”: novela social, novela negra y novela policíaca. Y con elementos muy contemporáneos, como la violencia machista o el robo de bebés. Además, vamos avanzando en la trama merced a la voz polifónica de todos sus protagonistas.

El escenario colectivo es la colonia de «La Meta”, un barrio de Madrid en torno a una industria, y un portal el 23 de la calle del Álamo. En la dramatis personae hay una imagen de esa escalera que inevitablemente nos lleva a las ilustraciones de Francisco Ibáñez de “13 la rue del Percebe”, historietista que hay que reivindicar. No por sus valores estrictamente humorísticos, sino por el elenco humano de estos “tebeos”, entre el tremendismo y el esperpento. El tendero especulador y tramposo, la portera sentenciosa, la patrona con realquilados en condiciones espartanas, la viuda con mascota, el inefable sablista del bajo cubierta, homenaje a su compañero Vázquez… Es un documento de una España que fue y pese a la específica censura de 1967 que mutiló muchos elementos de la historieta española. Así desaparecieron, o se edulcoraron, tipos costumbristas como: el hambriento Carpanta (trasunto de la lucha por la vida de la posguerra y el racionamiento), las hermanas Gilda (crítica al destino de la mujer soltera atrapada por el paradigma nacionalcatolicista), o Rigoberto Picaporte (señorito aspirante al “braguetazo”). Hay que sumar los “tebeos” a la memoria franquista, no solo con elementos tan explícitos como “Paracuellos” de Carlos Jiménez, por otra parte publicada a partir de 1975, también con una relectura crítica de estas revistas humorísticas  y sus personajes. El 23 de la calle Álamo tiene que ver con nuestra realidad y nuestro país, como la escalera de Buero o el cómic de Ibáñez.

En ese sentido quiero recordar que “la colonia de la Metalúrgica” es trasunto de: las “colominas”, los “cuarteles”, las “barriadas” que alojaron obreros mineros o metalúrgicos en:  Bustiello, Lieres, Rioturbio, Llaranes… Y aquí, en Gijón, el poblado de Santa Bárbara en Moreda, La Camocha o las Mil quinientas de Pumarín… Fue el escenario vital de muchos de nuestros padres y abuelos y como el Getafe que homenajea Marisol en la dedicatoria, un entorno que acoge y arropa. Entorno de barrio que allá por los años que Marisol y yo mismo estudiábamos nos describía perfectamente un geógrafo malagueño, asentado en Cataluña: Horacio Capel, en su Capitalismo y morfología urbana en España de 1977 con una descripción acertadísima de las practicas de la creación del espacio urbano gracias a la especulación, un libro que fue pionero en señalar las peculiaridades del capitalismo español, muy fijado al ladrillo y al amiguismo.

El barrio de la mercera Montse, el pensionista Julián o los niños: José Antonio, Ángeles o Marcos… tan bien retratado por Marisol tenía unos valores de solidaridad horizontal, empatía y humanidad, muy diferentes a nuestras ciudades actuales, había sucesos terribles, como los que nos describe la novela, pero no eran posibles historias de hallazgos de personas fallecidas hace meses, en pisos cerrados e ignorados por sus propios vecinos, que ahora menudean en la prensa. Es verdad que en esos barrios campaba la segregación social y la jerarquización paternalista del espacio urbano, así como la carencia de equipamientos mínimos pero no habían llegado aún los “pisos turísticos” ni los “pisos pateras”, testimonio de nuestras lepras sociales contemporáneas.

Por último Marisol no renuncia a su vocación pedagógica y su obra añade material didáctico en apéndice con  un estudio de los barrios de Madrid, con bibliografía, a la que me atrevo a añadir la meritoria: Cartografía de la Memoria Obrera de Madrid de la Fundación 1 de mayo de CC.OO.

Por todo lo dicho, el presentador, gustosísimamente, prescribe, en el sentido sanitario, la lectura de Barrio 1972 como un específico frente a tanto olvido de nuestra memoria, sobre todo en lo colectivo.

Y cede la palabra a la autora que es lo que todos Vds. están esperando.

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José García Fernández, también profesor de instituto jubilado, aunque en Asturias, es licenciado en Historia. Y compañero de afanes  sindicales y viajeros.

Acerca de Marisol

Filóloga, profe y escritora, aunque ese es solo un orden cronológico.

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