Cómo me siento cuando se acercan los aniversarios

Es demasiado tiempo sin verle, añorando su compañía: un montón de meses, semanas, días, horas y minutos de ausencia que me esperan de golpe, amontonados, a la vuelta del fin de semana. Porque el lunes vuelve a ser 11 de marzo. Otra vez.

Las fechas tienen ese valor simbólico y paradójico, que hiere y cura, que acerca el pasado remoto y lo transforma en el ahora mismo.

Yo recuerdo como siempre a Rodrigo. Y puede que este año de su libro parezca que de forma especial. Pues claro, no es fácil conseguir ser publicado.

Pero para mí, para mi corazón de madre, es como ha sido hasta ahora: le escribo para integrarlo en nuestra vida sin él, para que participe de lo que hacemos aunque ya no esté.

Y sé que, a su modo, nos acompaña.

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