
«Los errores cometidos tras los atentados no pueden olvidarse, pero deberían servir de lección para el futuro. La búsqueda de una ventaja política en mitad del dolor de un atentado puede reportar beneficios inmediatos, pero a la larga se convierte en un pesado lastre para la historia de un país. El precio a pagar incluye la fractura social, la incapacidad de avanzar en la reconciliación y abrir heridas profundas.
Si quienes perdieron a sus seres queridos hace quince años están haciendo el esfuerzo de intentar cerrarlas, el resto del país debe seguir su ejemplo.»











