Recuerdo…

«Recuerdo el día en que naciste como el más emocionante de mi vida, recuerdo el peso leve de tu cuerpo sobre el mío cuando me decían que efectivamente eras niño y que te quise desde el primer momento en que te vi, escurridizo y pelón, envuelto en una de esas cobijas hospitalarias al uso.

Recuerdo que siempre había algo nuevo, desconocido y excitante que descubrir contigo: los primeros balbuceos, la primera sonrisa, o el primer diente… Fueron una fiesta tus primeras palabras o tus primeros pasos, el inicio de la guarde, el Instituto o la Universidad… Algo nos llevaba hasta un poco más allá del futuro, tú nos mostrabas un camino hermoso de conquistas y retos.

Recuerdo el día de tu asesinato como el más tormentoso y agrio de mi vida mientras te buscábamos, y el siguiente -cuando lo confirmamos- como el más oscuro y horrendo de toda mi existencia. Ningún padre debería soportar el dolor de enterrar a un hijo.

Hoy, tantos años después, sigo sintiendo tu muerte como una amputación emocional y casi física.

Hoy, tanto tiempo después, te sigo queriendo como antes, como siempre, y más que nunca, Rodrigo. Vela nuestros pasos hasta que nos volvamos a encontrar»

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