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Las emotivas palabras de la madre de una víctima del 11M al cumplirse 15 años del trágico atentado

Un altar improvisado en Atocha en memoria de las víctimas del peor atentado de la historia de España (Getty Images).

Marisol Pérez Urbano recuerda a su hijo Rodrigo, que tenía 20 años aquel día terrible en que se lo arrebataron

Al conocer las noticias del atentado aquella mañana del 11 de marzo de 2004, Marisol Pérez Urbano y su marido, Juan Carlos, enviaron un mensaje a su hijo Rodrigo, que sabían que había tomado el tren para ir a la universidad, como todos los días. El sms decía: «Dinos dónde estás y vamos a buscarte». Desgraciadamente, no obtuvieron respuesta. Veinticuatro horas después encontraron a Rodrigo en el Ifema, el lugar al que fueron llevando a las víctimas mortales. Hasta ese momento mantuvieron la esperanza. A partir de entonces, el desgarro de la pérdida, el dolor y la angustia. Hoy, quince años después, Marisol ha convertido ese sms en el título de un libro editado por Indicios.

Con motivo de la efeméride de aquellos dolorosísimos días, Marisol ha publicado unas conmovedoras palabras de recuerdo para su hijo, que reproducimos íntegras a continuación:

«QUINCE AÑOS

Este nuevo aniversario se ha teñido de escritura con la publicación de tu libro, Rodrigo. Algo muy especial que, por contraste, acentúa la sensación de irrealidad que me asalta cuando se rompe la rutina.

Y me pregunto dónde están los tiempos de tu infancia, hijo, tus divertidas risas adolescentes, tus enormes, vitales, optimistas ilusiones juveniles, tus planes de futuro.

Todo se lo llevó por delante la maldad fanática de unos locos yihadistas. Y no hay nada que te pueda traer de vuelta.

Todavía me duele el alma de esperarte junto a la ventana, Rodrigo. Todavía me envuelve el frío del miedo de haberte perdido.

No importa que el día a día parezca haber domesticado el vacío de tu cama siempre hecha. De pronto, el hueco de tu silla huérfana, hoy, (quince años después, cómo es posible), resulta más evidente que nunca.

Y añoro el sonido de tu voz, tu risa franca, la huella de tus pasos y los gestos que acompañaban siempre tus conversaciones.

Y comprendo que se me quedaron demasiados abrazos pendientes. Que todavía necesito que me cuentes mil historias de las tuyas. Y compartir contigo viajes, y juegos, y canciones, y quedadas, y comidas, y…

Aún siento dolorosamente que me faltas tú, y no me conformo, y no me acostumbro. Se me multiplica todo el cariño que tenía que entregarte y se me quedó entre las manos, me desborda, se vuelve incontenible y me arrastra con él.

Quince años sin ti, pero siempre contigo.

No sé cuándo volveremos a vernos, hijo. Voy en tu busca, espero que salgas a mi encuentro. Te quiero».

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